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1) Técnicas de diagnóstico
por imagen en la próstata. Visión global
El interés de la ecografía
prostática y, en general, de cualquier procedimiento diagnóstico
aplicable a la próstata deriva de la inmensa frecuencia de problemas
clínicos, tanto benignos como malignos, causados por este pequeño
órgano, el más afectado por cambios patológicos en
la especie humana.
El planteamiento diagnóstico
referido concretamente al cáncer de próstata ha cambiado
mucho durante la última década, debido precisamente al desarrollo
de técnicas como la ecografía transrectal o la determinación
sérica del antígeno específico prostático (PSA),
cuya utilización racional depende de la comprensión de la
historia natural de esta neoplasia, todavía parcial y objeto de
investigación.
La radiografía,
tanto simple como con contrastes, fue durante tantos años la principal
forma de explorar por la imagen el tracto genitourinario inferior por la
sencilla razón de que no había otra. Aporta muy poco al estudio
de la patología de la próstata y las vesículas seminales,
porque es incapaz de representar directamente estos órganos, únicamente
sus impresiones o compresiones sobre estructuras vecinas.
Los estudios isotópicos
óseos se utilizan cada vez con menos frecuencia, porque son
eficaces sobre todo para la valoración de neoplasias avanzadas,
y la tendencia actual es diagnosticar el cáncer cuanto antes.
La tomografía computarizada
por rayos X (TC), implantada en la década de los setenta, puede
sin duda identificar y delimitar la próstata, las vesículas
seminales y los tejidos que las rodean, pero no puede decirse lo mismo
de la mayoría de las lesiones intraprostáticas, que no se
diferencian lo suficiente del parénquima sano en la imagen de la
TC.
El desarrollo inicial de la
resonancia magnética (RM) a partir de los años ochenta
ofreció resultados muy prometedores, en este y en otros campos,
pero su enorme potencial anunciado está siendo cuestionado y matizado
por la experiencia, también en el caso de la próstata. Es
mejor que la TC para descubrir anormalidades (aunque no mucho más
específica) y también para precisar la extensión local
del cáncer de próstata, pero se sigue investigando la repercusión
clínica de estos hallazgos, que será desde luego muy limitada,
ante una enfermedad tan frecuente, mientras no dispongamos de más
equipos.
La ecografía
era hasta hace unos años sólo una más de entre todas
estas herramientas imperfectas de diagnóstico. La próstata
es pequeña y queda lejos del alcance de la sonda aplicada sobre
la pared abdominal. Las primeras sondas endorrectales, ya utilizadas hace
cuarenta años, eran toscas y de difícil manejo.
El auge de la ecografía
prostática ha sido posible gracias a la mejora en el diseño
de los dispositivos de soporte de la sonda rectal, incluída la incorporación
de algún sistema de guía para biopsia, además del
propio avance en la tecnología de proceso de la imagen ecográfica
en general.
Actualmente la ecografía
es la principal forma de obtener imágenes diagnósticas de
esta glándula, con las particularidades que analizamos a continuación.
2) Bases de la ecografía
prostática
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Anatomía zonal de la próstata
Con fines de diagnóstico
precoz, se utiliza en la próstata un concepto anatómico zonal,
basado en la diferencia en los componentes celulares de cada zona, más
que en su situación espacial o en divisiones anatómicas,
como haría el clásico concepto lobar de la anatomía.
Según esto, se diferencian en la próstata
tres partes:
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Próstata anterior o estroma fibromuscular:
tejido no glandular que se adelgaza al extenderse posterolateralmente para
formar la cápsula prostática.
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Glándula interior: incluye el tejido
muscular liso del esfínter vesical interno, el tejido glandular
periuretral y la llamada zona transicional, pequeña estructura bilobulada
de tejido acinar proximal al verumontanum.
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Glándula exterior o acinar: dividida
a su vez en zona central y zona periférica. Esta última supone
el 75 % del volumen de la próstata adulta normal.
En las figuras 1 y 2 aparece
representada en esquema esta división, en dos cortes coronal y axial
respectivamente que pasaran a través del verumontanum:
El principal interés
de la anatomía zonal es la diferencia en la patología que
se origina a partir de cada zona (figura 3):
La hipertrofia prostática benigna siempre
ocurre en la glándula interior, el 95 % de las veces a partir de
la zona transicional y el 5 % restante, de las glándulas periuretrales.
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El cáncer de próstata se origina
en un 70 % de los casos en la zona periférica y sólo en un
10 % en la zona central, es decir, en una relación 7:1 (mientras
que la relación de volumen entre ambas es de 3:1). El 20 % restante
ocurre en la zona de transición, un elevado porcentaje con relación
a su volumen.
Es
interesante destacar que todos los cánceres de la zona de transición
y un considerable número de los de la zona periférica son
anteriores. En conjunto, la mitad de cánceres se originan en la
mitad anterior de la próstata, una evidente desventaja para el tacto
rectal y la ecografía transrectal. Por la misma razón, los
cánceres de la zona transicional suponen un porcentaje mínimo
de los detectados en estudios clínicos, sólo alrededor del
1 %.
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Técnica de exploración
Las sondas modernas para ecografía
transrectal van montadas en un soporte cilíndrico que se introduce
en el recto lubricado y cubierto por un preservativo, con el paciente en
decúbito lateral. En el mismo soporte suelen ir instaladas dos sondas,
una de orientación axial y la otra longitudinal, que se activan
alternativamente desde la consola del ecógrafo, de manera que puede
explorarse la próstata completa en cualquier plano espacial, cambiando
la sonda activa y avanzando, inclinando o rotando el vástago intrarrectal
(figuras 4 y 5).
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La exploración puede
resultar molesta, sobre todo con hemorroides, pero indolora. No debe hacerse
si existen fisuras anales, como es natural.
Para la biopsia prostática
guiada ecográficamente, existen dos posibilidades según
la vía de abordaje: transrectal o transperineal. En la biopsia transrectal,
la aguja se introduce a través de un conducto que atraviesa oblicuamente
el soporte de la sonda, mientras que en la transperineal se adapta a dicho
soporte un dispositivo externo que fija la aguja en una dirección
paralela al plano ecográfico coronal en su avance hacia la próstata
a través del periné.
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La figura 6 representa
la situación en una biopsia transperineal, que es la vía
de abordaje que se está prefiriendo en nuestro hospital.
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No es de extrañar que
una complicación casi habitual de la biopsia prostática sea
la hematuria, prácticamente siempre moderada y transitoria. Los
hematomas pélvicos son muy raros (0,1 %) y la septicemia, complicación
más grave, es también rara pero menos (0,5 % con profilaxis
antibiótica). La vía transperineal tiene menor riesgo de
contaminación, aunque es más dolorosa y requiere anestesia
local.
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Semiología ecográfica básica
En la próstata joven normal,
hay una diferenciación poco clara entre la próstata interior
y la exterior. Aunque la primera tiende a ser hipoecógena (más
oscura), es poco identificable por su pequeño espesor. La próstata
anterior o estroma fibromuscular es también hipoecógena respecto
a las zonas central y periférica de la próstata exterior,
más ecogénicas.
La hipertrofia prostática
benigna, proceso asociado a la edad, tiene el efecto de aumentar la diferenciación
ecográfica entre la parte interior y la exterior. La glándula
interior adenomatosa tiende a hacerse más hipoecógena y heterogénea,
y la exterior, comprimida y distorsionada, hiperecógena. Aparece
como consecuencia un nítido plano de separación entre ambas
o "cápsula quirúrgica", que a veces muestra calcificaciones.
El criterio clásico
de diagnóstico ecográfico del cáncer de próstata
es el nódulo hipoecógeno en la zona periférica.
La mayoría de los cánceres visibles se manifiestan así.
3) Valor complementario de las
pruebas diagnósticas del cáncer de próstata
Las pruebas diagnósticas
fundamentales en el cáncer de próstata tienen aisladamente
un valor limitado y por lo tanto complementario. Existen múltiples
datos que muestran el interés de la combinación de técnicas.
Además, la eficacia de cualquier técnica para la detección
de esta enfermedad no puede determinarse con exactitud sin conocer su prevalencia
real, probablemente variable entre diferentes poblaciones estudiadas.
a) Tacto rectal
El tacto rectal se considera
positivo si encuentra nodularidad o induración, hallazgos tardíos
en la evolución del cáncer. Por su sencillez es la exploración
más utilizada, pero es muy cuestionable que sea adecuado como procedimiento
no ya único, sino incluso principal, para aumentar la tasa de detección
precoz.
De ahí su integración
en diferentes algoritmos diagnósticos, donde figura como paso inicial,
junto con la determinación del PSA, también imperfecta como
prueba de cribado, pero capaz de identificar cierto número adicional
de "pacientes de riesgo", a quienes practicar ecografía o biopsia.
Alrededor del 30 % de los cánceres
que se detectan en biopsias promovidas por una elevación del PSA
o una ecografía anormal, no son palpables, incluyendo una significativa
proporción de tumores localmente avanzados (pero situados anteriormente).
El valor predictivo positivo
para cáncer del tacto rectal es de alrededor del 35 %, similar al
del nivel de PSA sérico y al de la ecografía: parece que
hay claras diferencias en la sensibilidad de las tres pruebas pero todas
ellas son igualmente inespecíficas. De ahí la frecuente necesidad
de confirmar por biopsia hallazgos sospechosos de cualquier índole.
b) Determinación del nivel plasmático
de PSA
El PSA es una glicoproteína
secretada exclusivamente por el epitelio prostático, que lisa a
otra proteína seminal. La medición de sus niveles plasmáticos,
por diferentes técnicas, ofrece un parámetro sensible para
el diagnóstico de cáncer, algo más que la ecografía
según la mayoría de los autores: el nivel de PSA descubriría
un 90 % de los cánceres detectables clínicamente de algún
modo, frente a un 80 % la ecografía y un 66 % el tacto rectal.
Esta sensibilidad no se considera
suficiente para aceptarla como técnica única de screening,
a pesar de tratarse de una prueba objetiva, cuantificable y mejor tolerada
por el paciente que el tacto o la ecografía rectales. Además,
hay otra razón importante para su uso complementario: carece de
valor localizador, por lo que precisa siempre otros recursos para
dirigir la biopsia.
Su especificidad es mucho menor:
el PSA plasmático aumenta, además de en el cáncer,
en la hipertrofia prostática benigna, prostatitis y traumatismo
prostático (instrumentación y tal vez tras un simple tacto
rectal). Concretamente se encuentra elevado en casi la mitad de las hipertrofias
benignas, en dependencia no sólo del tamaño de la próstata,
sino también del grado de obstrucción.
En relación con ello,
el concepto de densidad de PSA (PSA / volumen prostático)
es un intento de mejorar la especificidad respecto a la del valor absoluto
de PSA, basado en el hecho de que en el cáncer se produce mucho
más PSA por volumen de tejido que en otras situaciones, particularmente
que en la hipertrofia prostática benigna.
Sin embargo, y paradójicamente,
la densidad de PSA no es un indicador de cáncer mucho mejor que
el valor absoluto de PSA, debido probablemente al hecho de que la mayoría
de los pacientes con cáncer tienen también hipertrofia benigna,
y que la capacidad de este parámetro para predecir cáncer
disminuye lógicamente en próstatas grandes. El caso es que
se utiliza para decidir si se realiza o no biopsia, pero sólo ante
valores absolutos de PSA moderados; ante grandes elevaciones del PSA se
recomienda biopsia independientemente de cuál sea la densidad de
PSA, como se refleja más adelante en el algoritmo diagnóstico.
El nivel de PSA tiene gran
valor como marcador tumoral en el seguimiendo de pacientes con prostatectomía
radical, y algo menos como indicador del estadio en el momento del diagnóstico.
c) Ecografía transrectal
Con el criterio básico
de la lesión hipoecóica periférica, la ecografía
resulta también más sensible que específica para el
diagnóstico de cáncer de próstata. Como ocurre en
otros órganos, existe un gran solapamiento en la imagen ecográfica:
la hipertrofia prostática benigna, enfermedad inflamatoria aguda
o crónica, infarto, cirugía y biopsia previa son situaciones
benignas que pueden simular cáncer, al distorsionar la uniformidad
de la zona periférica, por lo que el valor predictivo positivo de
este hallazgo es sólo el 30 %.
En cuanto a su sensibilidad,
se publican cifras muy variables, explicables por diferencias en la prevalencia
de la enfermedad y también en gran medida por la influencia de la
subjetividad que conlleva cualquier exploración ecográfica.
Sobre esta última es interesante el dato que aporta Gustaffson:
la indicación de biopsia motivada por ecografía transrectal
aumenta en un 25 % si el radiólogo conoce previamente el resultado
del PSA. De hecho, hay quien llega a conceder poco valor a la ecografía
en la detección del cáncer de próstata, excepto como
guía de biopsia. En el polo opuesto hay autores que le reconocen
una sensibilidad superior al 80 %.
Una vez detectado el cáncer,
la ecografía es superior al tacto rectal y a la determinación
del PSA plasmático para su estadificación, es decir, para
la identificación de pacientes que pueden beneficiarse de una prostatectomía
radical.
d) Biopsia prostática guiada por ecografía
Teniendo en cuenta las limitaciones
expuestas, la biopsia prostática no es un recurso excepcional ni
mucho menos: la tasa de biopsia motivada por ecografía, por ejemplo,
aunque variable lógicamente según criterios y poblaciones
estudiadas, puede alcanzar el 45 % en la práctica urológica
(pacientes con síntomas atribuíbles a la próstata)
y el 15 % entre pacientes asintomáticos.
Además de la técnica
de abordaje, otro criterio fundamental de clasificación de la biopsia
prostática tiene que ver con el motivo por el que se realiza. Según
este, se diferencian:
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Biopsia dirigida: enfocada hacia una determinada
región sospechosa en el tacto o en la ecografía. En ambos
casos, la biopsia con guía ecográfica es más precisa
que la guiada digitalmente.
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Biopsia sistemática, aleatoria o por sextantes:
ante un elevado grado de sospecha (sobre todo PSA muy alto) con tacto y
ecografía negativos, se obtienen muestras de seis regiones diferentes
de la próstata, basal, central y apical de cada lado, preferiblemente
también con control ecográfico.
-
Biopsia combinada (dirigida y sistemática):
biopsia del área focal sospechosa y además del resto de la
próstata de forma sistemática, recomendada por algunos autores
argumentando mejores resultados en la detección de cáncer
y en la valoración de su extensión local.
Ni siquiera la biopsia puede
considerarse definitiva para garantizar la ausencia de cáncer, no
sólo mínimo, sino incluso clínicamente significativo.
Ante una biopsia negativa con un elevado grado de sospecha (esta es una
aportación importante del PSA), no debe olvidarse la posibilidad
de cáncer en la mitad anterior de la próstata, especialmente
en la zona de transición si no hay anormalidades ecográficas,
y hay que valorar la práctica de biopsia aleatoria de la glándula
interior o incluso de resección transuretral.
4) Indicaciones de la ecografía
prostática
Pueden agruparse así:
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Detección precoz de cáncer: la ecografía
precisa el área a biopsiar ante:
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Tacto rectal anormal: en algún caso, descarta
causa benigna (quiste o cálculo).
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PSA o fosfatasa ácida prostática anormales.
-
Guía de biopsia: la ecografía es siempre
recomendable, independientemente del motivo de su práctica, e imprescindible
en caso de lesiones visibles pero no palpables.
-
Estadificación del cáncer: valoración
de la extensión local del mismo, para lo cual tiene una precisión
de alrededor del 60 %, menor que la de la RM.
-
Enfermedad inflamatoria rebelde a tratamiento médico:
descarta formación de absceso.
-
Otras:
-
Obstrucción del flujo de salida vesical en
el varón.
-
Trauma espinal y otros defectos neurosensoriales.
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Infertilidad: descarta agenesia u obstrucción
seminal.
La ecografía prostática
no está indicada como técnica de screening, según
los conocimientos actuales, por una clara y doble razón: existen
serias dudas sobre la eficacia de un hipotético screening
masivo de detección de cáncer de próstata en la población
general de riesgo, incluso aunque se dispusiera de la técnica
adecuada para ello,
lo que no es el caso.
Ello es debido a la propia
historia natural de este cáncer, mal conocida y posiblemente variable:
la frecuencia de cánceres subclínicos o latentes relacionada
con la edad es tal que casi lo convierte en normal en edades avanzadas
(30 % en mayores de 50 años y 15 % de las resecciones transuretrales
por hipertrofia prostática, suponiendo estos últimos la mitad
de todos los diagnosticados). En definitiva la mayoría de los pacientes
que tienen histológicamente cáncer de próstata no
lo sabrán nunca y la mayoría de los diagnosticados morirán
de otra cosa.
Pero es evidente que otros
cánceres de próstata no son tan indolentes: el 40 % de los
que se diagnostican clínicamente están extendidos mas allá
de los límites de la próstata y esta enfermedad es la segunda
causa de muerte por cáncer en varones de los EEUU.
En estadios precoces no hay
forma de saber si un cáncer latente tendrá en el futuro un
comportamiento agresivo, no es posible diferenciar los cánceres
clínicamente significativos. Se habla del grado tumoral y
del tamaño como posibles indicadores, pero sin pruebas irrefutables.
En estas condiciones, la detección
de cánceres insignificantes no sólo es improductiva, sino
incluso perjudicial si conduce a una prostatectomía radical con
mayor morbilidad que el propio cáncer. Dicho de otro modo, la detección
precoz puede no ser necesariamente beneficiosa porque quizá no mejore
el pronóstico vital, objetivo principal de un screening,
y hasta podría empeorarlo. El gran riesgo de la sobredetección
sólo podrá estimarse con certeza cuando se apliquen diferentes
tratamientos al cáncer precoz, incluyendo ninguno, y se evalúen
a largo plazo sus resultados sobre la mortalidad, como se hizo en el cáncer
de mama, pero todavía no en el de próstata.
Por otra parte, incluso aunque
fuera indiscutible la conveniencia de detectar precozmente mayor número
de cánceres, no hay una técnica adecuada para hacerlo, claramente
superior al resto, como hemos venido comentando.
Por todo ello, el screening
del cáncer de próstata se considera actualmente un objeto
de investigación, de valor controvertido, y en ningún caso
una indicación de ecografía en la práctica clínica.
Si no se obtienen resultados provechosos, habrá que centrar la atención
en las otras dos formas de reducir la mortalidad por cáncer, aparte
del diagnóstico precoz: evitar factores de riesgo y mejorar el tratamiento.
Como conclusión, presentamos
un algoritmo o árbol de decisión diagnóstica para
el cáncer de próstata modificado del de Cooner, de amplia
aceptación actual. En él quedan claramente de manifiesto
las dos nociones más importantes sobre cómo debe utilizarse
la ecografía prostática: siempre en pacientes seleccionados
e integrada con otras técnicas diagnósticas.
Autores: Julio Torres Nuez y Gloria Martínez Sanz. Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital O. Polanco
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