INTRODUCCION
El cáncer de pulmón (CP)
es una de las neoplasias malignas que con más frecuencia encontramos
en la clínica. De hecho, es, en líneas generales, la neoplasia
más frecuente en hombres y, por desgracia, su frecuencia está
siendo cada vez mayor en mujeres debido a la "conquista" de su incorporación
a un hábito como es el tabaquismo que en su origen había
sido de predominio masculino. Tal y como se describe en otra sección
de este Boletín, su principal factor etiológico es el tabaco
y, salvo en aquellos casos en los que se diagnostica en estadios precoces,
su pronóstico es uniformemente desfavorable.
Es el objetivo de este Boletín
Oncológico, no sólo revisar los conceptos clínicos,
diagnósticos y terapéuticos más actuales del cáncer
de pulmón, sino acercarnos a la realidad del problema al que tenemos
que enfrentarnos en nuestro entorno. Para ello, revisamos, de forma sistemática
y protocolizada, las Historias Clínicas de los casos de cáncer
de pulmón diagnosticados en el Hospital Obispo Polanco entre enero
de 1.992 y septiembre de 1.995. El tema fundamental de este artículo
será la descripción de los datos que hemos conseguido en
esta revisión, pero antes es importante destacar que nuestro estudio
no nos va a permitir hablar de incidencia ni de prevalencia del CP en nuestra
área ya que carecemos de datos sobre otros posibles casos de CP
diagnosticados en centros distintos del nuestro . Sin embargo, dadas las
características de la red sanitaria pública y privada de
nuestra área, es razonable pensar que nuestros datos son una buena
aproximación al problema al que tenemos que enfrentarnos.
MATERIAL Y METODOS
Hemos realizado este estudio retrospectivo
sobre los casos de cáncer de pulmón primitivo diagnosticados
en nuestro Hospital entre enero de 1.992 y septiembre de 1.995.
Se recogieron todas las historias en
las que había un diagnóstico de certeza histopatológica
de CP. También había casos de sospecha de CP y, en esta circunstancia,
sólo se aceptaron para el estudio aquellos en los que pudimos comprobar
que más tarde se había alcanzado por algún medio el
diagnóstico de certeza. De este modo, no se incluyó en el
estudio ningún caso sin diagnóstico histológico de
CP.
Para la recogida de datos, se diseño
una ficha que se fue rellenando mediante revisión una a una de todas
las historias clínicas. En ella se incluían:
-Datos de filiación.
-Antecedentes profesionales.
-Hábitos tóxicos.
-Antecedentes patológicos familiares y personales.
-Datos clínicos y de exploración física.
-Antigüedad de la clínica.
-Motivo por el que se remitió al paciente al Hospital.
-Datos obtenidos de las exploraciones complementarias
radiológicas y funcionales.
-Clasificación histopatológica del tumor.
-Estadiaje en el momento del diagnóstico.
-Metástasis y su localización.
-Actitud terapéutica y su motivación.
-Supervivencia.
Debemos aclarar que no en todas las
historias estaban recogidos todos los items necesarios para rellenar por
completo la ficha de datos. Por ello, hay apartados en los que el número
de casos recogidos es menor que el total de casos. Cuando esto ocurra,
se indicará oportunamente en el texto o la tabla correspondiente
RESULTADOS
En la revisión efectuada hemos
encontrado de 94 casos en los que se alcanzó un diagnóstico
histológico de CP. De ellos 88 (93.6%) eran hombres y 6 (6,4%) mujeres.
La edad media del global fue de 67,5 (9,4 SD) años con extremos
de 35 y 86 años. En las mujeres, la edad media fue de 65,1 (8,5
SD) años con extremos de 54 y 74 años.
Se consideró para cada paciente
aquella profesión en la que hubiese trabajado la mayor parte de
su vida laboral. Las profesiones eran, como cabe suponer, muy diversas,
y ello dificultó la formación de grupos para estudio. Por
este motivo, se agruparon por sectores económicos en primario (agricultura
y ganadería), secundario (industria y minería) y terciario
(servicios). Se recopilaron datos de 63 pacientes, de los que 24 (38,1%)
trabajaban en el sector primario, 20 (31,7%) en el secundario y 19 ( 30,1%)
en el terciario. La distribución de los tipos tumorales según
sectores profesionales se indica en la tabla I.
Hábitos tóxicos: Tabaquismo y enolismo
fueron las únicas toxicomanías registradas. 30 casos (31.9%)
tenían un consumo enólico importante recogido en la historia
clínica. En cuanto al tabaco, ninguna de las 6 mujeres era fumadora.
De los hombres, sin embargo, 46(52,2%) eran fumadores activos, 36 (40,9%)
eran ex-fumadores y 4 (4,5%) no habían fumado nunca. En 2 hombres
(2,2%) no se pudieron obtener datos sobre su posible tabaquismo.
También se registró la
intensidad del tabaquismo tanto en lo que se refiere a consumo diario y
a años de hábito. El consumo medio diario era de 27,3 cigarrillos
(14,8 SD; rango 5-80) y la duración de hábito en años
fue 43,2 (13,5 SD; rango 17-75). Por lo que se refiere a los ex-fumadores,
el tiempo medio de abandono de hábito fue de 75,6 meses (86,7 SD;
rango 2-360). No hubo ningún caso de SCLC ni de tumor de células
grandes en no fumadores, siendo el adenocarcinoma con 5 casos (71,4%) el
más frecuente en este grupo (p=0'0043).
Antecedentes familiares: No hemos encontrado ningún
caso con antecedentes familiares registrados que tuviesen relevancia en
cuanto al presente estudio.
Antecedentes personales: Como es razonable suponer,
la mayor parte de los casos tenían algún antecedente,dada
la edad, y sobre todo, el importante tabaquismo del grupo en su conjunto.
De este modo, se verificó la existencia de algún antecedente
patológico personal en 73 casos (tabla II). Dichos antecedentes
se agruparon en 4 grandes clases o apartados: EPOC, asma, infección
y EPOC+neoplasia. Los apartados EPOC y asma no precisan explicación.
El apartado infección se refiere a antecedentes de neumonía,
bronquitis y/o tuberculosis pulmonar. Por último, la EPOC+neoplasia
se refiere a casos en los que se combinaban EPOC y neoplasia respiratoria.
Hubo además casos de neoplasia no respiratoria pero con posible
relación con el tabaquismo: 2 tumores vesicales y 4 tumores de boca
o labio.
Los antecedentes no respiratorios también
se computaron, pero su análisis no aportó ningún dato
de importancia, por lo que no los reseñamos aquí para evitar
una excesiva extensión del artículo.
Clínica: Una vez que se iniciaron los síntomas,
transcurrió un promedio de 12,5 semanas (19,8 SD; rango 0-156) hasta
que el paciente fue visto por primera vez en consulta externa o en el Hospital.
La comparación (Test Kruskall-Wallis) del retraso diagnóstico
entre los distintos grupos de edad y entre los distintos estadios tumorales
no mostró diferencias significativas. Por otro lado, el estudio
de correlación de las escala de Karnofsky (variable dependiente)
según el retraso diagnóstico (variable independiente) mediante
el test de correlación de Spearman, mostró una valor de Rho
de -0,28 (p=0,007). Es decir, hubo una débil pero estadísticamente
significativa correlación entre ambas variables. Dicho de otro modo:
a mayor retraso diagnóstico, el paciente tenía una peor valoración
clínica según Karnofsky en el momento de la primera visita
clínica.
Siguiendo con el estudio de la escala
de Karnofsky en la primera visita, esta fue en promedio de 77,7% (22,9
SD; rango 10-100) y no hubo diferencias estadísticamente significativas
entre las distintas estirpes histológicas (ANOVA).
El síntoma más frecuente
fue la tos, que se vio en 64 casos (68,8%), seguido por la expectoración
con 58 casos (62,4%). Ambos síntomas son de difícil valoración
si tenemos en cuenta que forman parte de otro cuadro clínico, la
EPOC, que coexistía en 69 casos (73%). En este punto hay que insistir
con fuerza en la valoración de cambios en la calidad o cantidad
de la tos y expectoración para los que no se encuentra una explicación
lógica y que deben siempre hacernos investigar para averiguar su
origen cuando el paciente tiene, además, una EPOC.
La frecuencia de otros síntomas
como hemoptisis, disnea y dolor torácico se señalan en la
tabla III. Es importante destacar que sólo 35 casos (38,5%) tenían
hemoptisis. Esto significa que uno de los síntomas más alarmantes
no se encuentra entre los más frecuentes, es decir, tenemos que
insistir de nuevo en la importancia de mantener un elevado índice
de sospecha como arma fundamental para conseguir diagnósticos precoces.
De la clínica extrarrespiratoria
(Tabla III), destacan la existencia de síndrome general maligno
en 39 casos (41,5%). El retraso diagnóstico en este subgrupo fue
de 16,1(25,5SD) semanas, frente a 12,7 (17,6SD) del subgrupo sin síndrome
general maligno. Estas diferencias no alcanzaron significación estadística.
Como resumen, el motivo de la consulta
fue algún síndrome relacionado con el CP en 79 casos (84%);
un hallazgo radiológico casual en 6 (6,4%) y un hallazgo casual
en una revisión rutinaria en 9 casos (9,6%).
Incluimos también en este apartado
los datos referidos a la exploración física. Dado lo prolijo
de las variables que pueden recogerse en este aspecto, hemos optado por
agruparlas en dos categorías: sugestivas de CP y sugestivas de metástasis.
Encontramos 32 casos (34,1%) con exploración física sugestiva
de CP y 17 (18,1%) con datos que sugerían la existencia de metástasis.
Por último, cabe hablar aquí
de la situación funcional respiratoria de los pacientes en el momento
del diagnóstico. Esta fue, en general, mala como consecuencia del
tabaquismo y de las repercusiones propias del CP. Diremos solamente que
el valor medio del FEV 1% fue de 59,2(19,6SD; rango 21-108); que el FEV1/FVC
fue en promedio 77,4%(20,8 SD; rango 34-136) y que en cuanto a la gasometría
arterial (aire ambiente) la PaO2 media fue de 66,3 mmHg (12,1SD; rango
34,3-88,2) y la PaCO2 38,7 mmHg (7,9SD; rango 29,2-83)
Estudios radiológicos: El primero y fundamental
es siempre la radiografía de tórax´(RxT). Nos permite
sustentar la sospecha clínica y justifica el inicio de otras exploraciones
para confirmar el diagnóstico. Dentro de este apartado se incluyen
también otras exploraciones como la tomografía computadorizada
(TC) y la ecografía que son fundamentales para el estadiaje de cada
caso.
En 30 casos (31,9%), el hallazgo fue
casual, es decir, no se sospechaba cuando se pidió la RxT. En los
64 restantes (68.1%), ya había una sospecha cuando se pidió
la RxT.La localización más frecuente de la imagen patológica
en la RxT fue en lóbulos superiores (Tabla IV).
Por lo que se refiere al tipo de imagen,
la agrupamos en nódulo, masa y atelectasia según cuál
fuese la imagen principal. Otros datos como la existencia de adenopatías,
derrame pleural, etc, se consignaron por separado y su resultado se indica
en la tabla V.
La TC se utilizó siempre para
investigar la extensión loco-regional de cara al estadiaje tumoral.
Su capacidad de resolución es mucho mayor que la de la RxT y, de
hecho, aportó datos adicionales a los de la RxT en 69 casos (73,4%).
Tales aportaciones se referían fundamental mente a la existencia
de adenopatías hilio-mediastínicas y de infiltración
mediastínica por el tumor.
Diagnóstico histológico: Mediante
fibrobroncoscopia, punción transtorácica aspirativa con aguja
fina (PAT) controlada por TC, citología de esputo, punción
aspirativa de adenopatías periféricas o una combinación
de varias técnicas, se consiguió el diagnóstico histopatológico.
En total hubo 44 epidermoides, 20 adenocarcinomas, 12 carcinomas de células
grandes y 18 carcinomas microcíticos. Agrupándolos en cáncer
de pulmón de células no pequeñas (CPNCP) y cáncer
de pulmón de células pequeñas (CPCP) el número
total de ambos fue de 76 y 18 respectivamente. Su distribución por
años se indica en la figura 1. El nº de tumores fue menor en
el año 95, pero si tenemos en cuenta que sólo se recogieron
casos hasta septiembre del 95 y si calculamos el cociente tumores diagnosticados
por mes para cada año encontramos: en el año 1.992, 2,4 tumores/mes;
en el 93, 1,7 tumores/mes; en el 94, 2,3 tumores/mes y en el 95, 1,7 tumores/mes.
Es decir, visto de esta forma, no se ven diferencias significativas en
el nº de tumores diagnosticados en los distintos años estudiados.
Una vez obtenido el diagnóstico
histológico, y teniendo en cuenta los resultados del estudio de
estadiaje, se puede clasificar a los tumores según su grado de extensión
en el momento del diagnóstico. Aquí hay que considerar por
separado CPNCP y CPCP ya que su tratamiento y su respuesta al mismo es
distinta, y ello justifica que se les apliquen sistemas de clasificación
diferentes tal y como se explica en otros apartados de esta revisión.
EL CPCP se clasifica en localizado y extendido y en CPNCP se divide en
estadios del I al IV. Remitimos al lector al correspondiente capítulo
de este Boletín donde se explican estos sistemas de clasificación.
En las tablas VI y VII se detallan los estadiajes de los distintos tumores
de nuestro grupo de pacientes.
Tratamiento: Finalmente, disponemos de datos sobre
el tratamiento de 86 casos. De ellos, la intención fue curativa
en 34 (39,53%); paliativa en 3 (3,48%) y de soporte en 49 (56,97%). De
los 49 casos con tratamiento de soporte, pudimos recoger la causa del mismo
en 41: la edad avanzada fue el motivo en 14 (34,14%); la extensión
del tumor en 18 (43,9%) y la coexistencia de otras enfermedades en 9(21,9%).
De los casos tratados con intención curativa, 17(42,5%) fueron sometidos
a cirugía, 5 (12,5%) a quimioterapia, 9 (22,5%) a radioterapia y
en 9 casos (22,5%) se combinaron varios tratamientos.
Por último, conseguimos datos
sobre la supervivencia de 59 casos. Este apartado y el del tratamiento,
fueron los más difíciles de recoger ya que estos pacientes
no se tratan en el Hospital sino que son remitidos al de Referencia, con
todo lo que ello supone de dificultad a la hora de recoger datos para un
estudio retrospectivo. La supervivencia media del grupo fue de 6,78 meses
(8,69SD). Considerando por separado los dos grandes grupos de tumores,
para los CPCP fue de 7,3 meses (8,8SD; rango 0-23) y para los CPNCP 7,6
(9,2SD; rango 0-43). Dentro de los CPNCP, no hubo diferencias en cuanto
a la supervivencia según los distintos grupos histológicos,
y, aunque no alcanzaba significación estadística (Kruskall-Wallis),
la supervivencia fue en promedio mayor en el estadio I con 18,6 meses (15,8SD),
siendo en los demás: estadio II 13 meses (5,6SD), estadio IIIA 8
meses (9,1 SD), estadio IIIB 3,9 meses (3,01 SD) y estadio IV 5,1 meses
(6,6 SD). En cuanto al tipo de tratamiento, el que mayor supervivencia
dio, aunque sin significación estadística, fue el quirúrgico
con 17,6 meses(14,1SD), lo que probablemente no es sino el reflejo del
mejor estado funcional y de estadiaje de los pacientes que pueden ser candidatos
a intervención quirúrgica. En los casos sometidos a quimioterapia,
la supervivencia fue de 5,6 meses (3,2 SD), en los que recibieron radioterapia
fue de 7,2 meses (8,2 SD) y en los que recibieron tratamiento combinado,
la supervivencia alcanzó 8,7 meses (7,4SD). En cuanto al CPCP, en
los casos de enfermedad localizada, la supervivencia media fue de 10,8
meses (9,2 SD), y en los casos de enfermedad extendida, la supervivencia
media alcanzó 4,8 meses(8,2SD).
Comentario final: Hemos pretendido con esta revisión,
dibujar un esquema que nos permita conocer la realidad del CP en nuestro
medio. Como vemos, no es ni mucho menos una enfermedad infrecuente, su
clínica es sumamente inespecífica y el resultado del tratamiento
es, en líneas generales, pobre. Si revisamos los datos que acabamos
de exponer y reflexionamos sobre qué podemos hacer nosotros personalmente
para intentar mejorar este panorama, veremos que es fundamentalmente el
diagnóstico precoz el aspecto en el que cabe mejorar y, para ello,
se impone el mantener permanentemente un elevado índice de sospecha
para iniciar cuanto antes el conjunto de medidas encaminadas al diagnostico
y estrategia terapéutica de cada caso.
Autores: Juan Antonio Domingo-Morera, M. Luz Mateo-Lázaro, M.A. Domíngo Usón (M.I.R.) y B. Gargallo Planas (M.I.R.). Unidad de neumologia. Hospital Obispo Polanco. Teruel.
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