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Allá por el
año 1.977, fue cuando conocí a un cirujano llamado por sus compañeros de
entonces con el sobrenombre de “el violento”, nombre que hacía referencia a su
comportamiento y forma de actuar frente a cualquier situación de urgencia, era
el fiel reflejo del típico “Cirujano de urgencias” de aquella época, en un
Hospital, entonces Ciudad Sanitaria, con una gran presión asistencial, sobre
todo en urgencias. Mi primer contacto con él fue un tanto desconcertante, no
sabía como iba a reaccionar frente a cualquier comentario que le podía hacer o
ante cualquier decisión que se debía tomar en una situación de urgencia.
Yo era un
residente recién aterrizado en un hospital grande, conocido por todos como “la
casa grande”, él era un adjunto del Servicio de cirugía de urgencia.
Esta persona,
o personaje en su mundo quirúrgico, es (ha sido) Antonio Bermejo Zapatero, el
“intrépido”, “el violento”, yo diría el gran cirujano resolutivo de cualquier
urgencia quirúrgica en cualquier lugar y a cualquier hora; al que nunca se le
ha puesto nada por delante, el que siempre ha estado dispuesto a trabajar, a
incorporarse a las nuevas tecnologías quirúrgicas, el que tenía una gran
capacidad de aprendizaje sin necesitar para ello estudiar; aprendía todo lo que
veía y luego lo ponía en práctica cuando él lo creía oportuno.
Durante los años de residente,
nos fuimos conociendo, “el violento” no era tanto como decían, yo coincidía con
él en alguna guardia, y siempre su lema era “lo que se ha de hacer cuanto
antes”, siempre evitando dejar ningún paciente quirúrgico sin operar para el
día siguiente.
Pasaron diez años, cuando el
destino, lo trajo a esta Ciudad, atraído, no por mi por supuesto, sino por su
mujer “Charo” que estaba trabajando de Anestesista en el Hospital Provincial;
en un principio en comisión de servicio y posteriormente con su plaza en
propiedad se incorporó en este Servicio de Cirugía, donde ha convivido con
todos durante 19 años. En este tiempo ha pasado por todo tipo de situaciones,
desde ser cirujano a ser paciente, de operar a ser operado. Ha sufrido, en
primera persona y luego en la persona más querida para él, las consecuencias
que hoy en día tiene nuestra profesión y que le dejaron, como a otros muchos
nos han dejado, “marcados” de por vida, pero también ha sabido disfrutar en
todo momento de todas “sus cosas”, ha hecho realidad su ilusión, tener su casa
en un pueblo donde hubiera 40 habitantes y mas de 2000 ovejas, y todo ello de
la mano de su mujer, Charo, que siempre ha estado, hasta el final, a su lado.
Durante su estancia en este
Servicio de Cirugía, lo que más me gustaría destacar de Antonio es su capacidad
de trabajo, nunca se le ponía nada por delante (igual que hace 30 años cuando
le conocí), dispuesto siempre a echar una mano, a sacar el parte de quirófano,
a comenzar pronto a operar por las mañanas. También destacaría, como decía
anteriormente, su habilidad y tenacidad en incorporarse a las nuevas
tecnologías como es la cirugía laparoscópica o “cirugía de los palillos” como
él le llamaba, que sin gustarle nada y diciendo siempre “esta cirugía no es
para mi ni para mi genio”, supo colaborar en ella en todo momento.
Cuantas horas de quirófano
juntos, cuantas alegrías por los pacientes que iban adelante, cuantos sinsabores
por aquellos que no pudimos sacar a flote, cuantas veces estas frase, cuando ya
estábamos cansados, de “vamos despacio que tenemos prisa”, “donde no hay
ganancia, pérdida segura”, “con paciencia y saliva, el elefante se
..............” y otras muchas; ha sido toda una vida dedicada a la cirugía que
tanto te ha gustado y la que tanto te ha dado.
Le nombré Tutor de residentes de
cirugía cuando en el año 1.992 comenzamos la formación de MIR de nuestra
especialidad, y lo ha sabido llevar perfectamente, les ha enseñado a operar, a
explorar un abdomen, a auscultar dicho abdomen (llevaba su fonendoscopio en la
bata) simulando los ruidos de una oclusión intestinal mecánica, y a tomar
decisiones, y también siempre les aconsejaba un libro de técnica quirúrgica,
“el Maden”, que era para él la Biblia de la cirugía.
Antonio Bermejo, ha sido una
persona que, en general, ha hecho siempre lo que ha querido. En el mes de
junio, cuando se le detectó esa enfermedad que se lo ha llevado por delante, yo
estaba de vacaciones, él decía que confiaba en mí y muchas veces me hacía caso
a lo que le decía, y por ello le dijo a una persona de nuestro Servicio que no
me dijera nada hasta que volviese. El se ha marchado y no sabe, a lo mejor
ahora conoce todo, que yo lo supe desde el primer momento lo que tenía. Cuando
regresé, me llamó por teléfono para decirme lo que yo ya sabía, aquella misma
tarde estuve un rato con él hablando de
todo un poco, e intentando convencerle de que había una esperanza y que esa
esperanza había que agotarla, pero no sirvió para nada, hizo como siempre, lo
que quiso.
Han sido dos meses de paciencia,
de dolor, pero con mucha dignidad como el nos decía en los últimos meses: “lo
único que me queda en esta vida es esperar la muerte con dignidad”, y de vez en
cuando con esos toques de humor que tenía, pero siempre teniendo a su lado a su
médico, a su mujer, a Charo. Además, tuvo la fortaleza psíquica de hablar con
sus amistades, decirles lo que tenía y despedirse de ellas. El no quiso que le
viésemos al final, que conocía perfectamente, quería que le recordásemos, los
que más le conocíamos, como lo que siempre había sido y era, como “el violento”
de hace treinta años, con ese espíritu que siempre ha tenido de joven hasta el
final, con sus motos, sus banderas, entre la que destaca “la pirata”, su quad,
sus cervezas, “sus cosas”, y así te vamos a recordar. Descansa en paz.
BIOGRAFÍA DE ANTONIO BERMEJO
ZAPATERO:
Nació en Zaragoza el día 9 de
enero de 1.940
Hizo sus estudios de Medicina en
la Facultad de Medicina de Zaragoza, finalizando la carrera en la Universidad
de Madrid en 1.966.
Médico Especialista de
Obstetricia y Ginecología en 1.968 y de Cirugía General en 1.971.
Médico Adjunto de Cirugía General
en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza hasta 1.987, y en el Hospital General
de Teruel el resto de su vida profesional.
Autor: José María Del Val Gil. Jefe de Servicio de Cirugía
del Hospital General Obispo Polanco de Teruel.
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