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  Boletín Oncológico del área sanitaria de Teruel

miércoles, 01 de octubre de 2014
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El Boletín Oncológico es una publicación periódica que se edita en el Hospital General de Teruel en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer.  Está especialmente dirigida al personal sanitario y su objetivo es la formación en temas oncológicos e informar sobre la situación del cáncer en el Sector de Teruel (ISSN 1579-6094, título abreviado: Bol oncol).
Cáncer de páncreas PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Ana Utrillas Martínez, Manuel López Bañeres y José María del Val Gil   

INTRODUCCIÓN

        El avance de las técnicas diagnósticas, tales como técnicas de imagen y la colangiopancreatografía endoscópica, han facilitado el diagnóstico del cáncer de páncreas, de forma que hoy en día es raro el no haber obtenido el diagnóstico previamente a la laparotomía exploradora ante una ictericia o un dolor abdominal. Sin embargo, y desgraciadamente, la habilidad para diagnosticar no ha modificado sustancialmente los resultados del tratamiento y el carcinoma de páncreas sigue siendo una neoplasia relativamente frecuente que pocas veces se cura. Por tanto, el reto sigue siendo el diagnóstico precoz en fases todavía curables de la enfermedad.

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INCIDENCIA

        El cáncer de páncreas ha sufrido un incremento en los últimos 60 años a nivel mundial, siendo, actualmente, la cuarta causa de muerte en EEUU por detrás del pulmón, colorrectal y mama. En España, la mortalidad por este tumor es la más baja de Europa, junto con Grecia y Portugal ( 3/100000 habitantes y año),  ocupando el quinto lugar en los hombres y el décimo en las mujeres. En general, se cree que el cáncer de páncreas representa del 2 al 5% de todas las muertes por cáncer, siendo su supervivencia a los 5 años muy baja,  por debajo del 5%.

        El término carcinoma de páncreas engloba a todos los adenocarcinomas de origen ductal o estructuras íntimamente relacionadas ( ampolla de Vater), la mayoría de las cuales (75%) se localizan en la región de la cabeza pancreática.


ETIOLOGÍA


        Son varios los aspectos etiológicos implicados, aunque nuestro conocimiento sobre ellos es, en realidad, bastante escaso.

1.- Sexo: mayor incidencia en hombres, con proporción 2:1.

2.- Edad: el 80% de los casos se dan entre los 60 y 80 años, siendo raro que se presente antes de los 40 años.

3.-Raza: es más frecuente en los países occidentales e industrializados, aunque existen grandes diferencias geográficas.

4.- Tabaco: en diversos estudios aparece como el factor de riesgo más constante, de modo que  el consumo de cigarrillos llega a doblar el riesgo de padecer cáncer de páncreas, existiendo relación con el número de cigarrillos consumidos. Además aumenta el riesgo si se asocia con el café y el alcohol. La edad media de aparición del cáncer de páncreas en fumadores es de 10 a 15 años menos que en los no fumadores.

5.- Alimentación: existe cierta relación entre la dieta de cada región y la aparición del cáncer de páncreas, de forma que constituye un factor de riesgo la alimentación proteica y grasa, con déficit de vegetales.

6.- Ingesta de café: tras muchas controversias, se ha admitido una correlación entre el cáncer de páncreas y la ingesta de café, estimándose que el riesgo de aparición del cáncer aparece a partir del consumo de cinco tazas de café por día.

7.- Litiasis biliar y colecistectomía: se ha valorado como factor predisponente, aunque no es seguro estadísticamente.

8.- Pancreatitis crónica: desde hace unos 40 años se conoce la existencia de una pancreatitis crónica familiar, que se hereda con un rango autosómico dominante de penetración incompleta; se ha visto que la tercera parte de los miembros  de estas familias afectados de pancreatitis hacen cánceres de páncreas, pero también la padecen algunos miembros no afectados. En lo que respecta a la pancreatitis crónica no hereditaria, se han hecho muchas publicaciones contradictorias, por lo que parece que su correlación es afortunada; sin embargo, lo que sí parece cierto es que ambas enfermedades tienen factores etiológicos comunes, y por la semejanza clínica es difícil establecer una diferencia diagnóstica. Lo que sí está admitido es que el cáncer de páncreas produzca una pancreatitis al obstruir el conducto pancreático.

9.- Diabetes: no está claro que la diabetes pueda elevar el riesgo de cáncer de páncreas, aunque sí que se admite que el cáncer empeora una diabetes mellitus preexistente o que puede inducir una de nueva aparición.

10.- Cirugía gástrica: existen opiniones contradictorias al respecto, con publicaciones que estiman un incremento del riesgo de cáncer de páncreas en pacientes sometidos a cirugía gástrica y otras en las que no se observa relación alguna .

11.- Influencia familiar: parece deberse a una cuestión casual, más que a una verdadera relación estadísticamente significativa.

12.- Alcohol: el alcohol es un factor coadyuvante en la aparición del cáncer de páncreas ( riesgo de bebedores habituales el doble que para los que no beben).

13.- Agentes físicos y químicos: son diversos los productos que se han implicado, como beta naftilamina y benzidina, exposición radiológica, insecticidas clorados como el lindano, petróleo, etc….

14.- Anemia perniciosa: no se conoce exactamente el mecanismo por el cual contribuiría a la aparición del cáncer de páncreas, pero en Suecia se ha establecido cierta relación.

15.- Oncogenes: : en el caso del cáncer de páncreas cuatro son los genes principalmente implicados. K-ras, p16,p53 y el DPC4 ( detected in pancreatic cancer, locus 4). Cada uno de ellos se encuentra alterado en , al menos, el 50% de los casos de cáncer de páncreas. La familia del ras son los oncogenes  más frecuentemente implicados en las neoplasias humanas, de forma que la mutación puntual del K-ras a nivel del codon 12 se observa en la mayoría de los adenocarcinomas de páncreas ( 85-90%). También se han identificado alteraciones del gen BRCA2, de forma que alrededor del 7% de los considerados clínicamente cáncer de páncreas esporádico, presentan mutación germinal del BRCA2.


HISTORIA NATURAL Y CLÍNICA

        La historia natural de este tumor no permite establecer un grupo de alto riesgo, siendo habitual el diagnóstico en fases avanzadas con invasión de las estructuras vecinas, que puede ocurrir mucho antes de la aparición de los síntomas, presentando metástasis en el momento del diagnóstico en el 50% de los casos. Únicamente el 8% de los pacientes son considerados quirúrgicos, y de esto, únicamente el 25% son resecables.

        El cáncer de páncreas es más frecuente entre los 60 y 80 años, siendo muy raro antes de los 40.

        Desde que se inician los síntomas hasta que se establece el diagnóstico, suelen transcurrir de cuatro a nueve meses, siendo sus síntomas iniciales, con frecuencia, vagos, por lo que muchas veces pasa desapercibido este posible diagnóstico.

        El paciente con cáncer de páncreas puede presentar varios síntomas , entre los que cabe destacar:

•    Pérdida de peso: es el síntoma más frecuente, acompañado , por lo general, de anorexia.

•    Dolor: aparece entre el 50 y el 90% de los casos, al inicio insidioso en el epigastrio, intermitente, sordo, vago o terebrante, irradiado a ambos hipocondrios y, en ocasiones, a la espalda. Suele aumentar con las comidas y se acompaña de plenitud postprandial. Muchas veces ofrece el aspecto de tipo cólico y otras de carácter biliar, sobre todo cuando afecta a la cabeza del páncreas. A medida que invade  los órganos vecinos, se acentúa más el dolor, aumenta en la noche, con el decúbito y se alivia algo al flexionar las piernas o al andar inclinado.

•    Ictericia:  junto a los dos síntomas previos, constituye la tríada más importante del cáncer de páncreas, siendo más frecuente y precoz en el cáncer de cabeza, pudiendo ser constante o intermitente. Es debida a la localización del carcinoma en la ampolla de Vater o a la compresión de la porción del colédoco intrapancreático por el tumor.

•    Trastornos intestinales: puede presentar estreñimiento, diarrea  con esteatorrea o ambas cosas, en el 10-20% de los casos.

•    Dispepsias: en el 25% de los casos hay náuseas o vómitos inespecíficos.

•    Síntomas mentales: suelen presentarse como depresión, pérdida de entusiasmo, ansiedad , cuadros que a veces preceden al dolor.

•    Escalofríos y fiebre: pueden ser causa de sospecha de enfermedad, sobre todo si se asocian a otros síntomas.

•    Debilidad y fatiga, que se presentan con bastante frecuencia.

 

        El paciente con cáncer de páncreas presenta una serie de sígnos objetivos, como son:

•    Tromboflebitis migratoria y flebotrombosis: se presentan en el 50% de los pacientes que lo padecen , aunque no son signos patognomónicos.

•    Hematemesis y melenas: son síntomas tardíos, por invasión de duodeno, estómago o por varices esofágicas por hipertensión portal.

•    Signo de Courvoisier: distensión de la vesícula, que suele acompañarse de ictericia, y que se presenta como una masa palpable en el hipocondrio derecho.

•    Hepatomegalia: aparece en el 90% de los casos que hay ictericia, y se debe a obstrucción biliar y a infiltración grasa del hígado, no siendo signo de inoperabilidad.

•    Tumoración en el abdomen: más frecuente en el cáncer de cuerpo y cola.

•    Soplo abdominal: a veces se oye por compresión de la arteria esplénica.

•    Ascitis y adenopatías.

•    Necrosis grasa: se trata de nódulos blandos en la profundidad de la piel del tronco y extremidades, en cáncer de células acinares.

•    Síndromes por hormonas ectópicas: sobreproducción de ACTH, ADH..

•    A veces, el comienzo de la clínica lo constituyen los síntomas debidos a metástasis; así, se ha descrito síndrome nefrótico por trombosis de la vena renal, síndrome de Fanconi, etc…

        Por otro lado, ante un paciente mayor de 40 años con pancreatitis aguda sin causa etiológica, debemos sospechar la posibilidad de un carcinoma de páncreas.


DIAGNÓSTICO

        Es muy difícil el diagnóstico del cáncer de páncreas en fase precoz, siendo  por tanto su porvenir muy pobre, por lo que es imprescindible el diagnóstico precoz con el fin de hacer inmediatamente la intervención, o, en caso de inoperabilidad, adoptar las medidas oportunas.

 

1.- EXÁMENES DE LABORATORIO:

        Muestran alteraciones mínimas y poco específicas, como aumento de la velocidad de sedimentación, discreta anemia ferropénica con estudio de sangre oculta en heces positivo y, a veces, aumento de las enzimas pancreáticas en sangre y orina ( elastasa 1, amilasa, etc…).

        En caso de obstrucción biliar, habrá aumento de la fosfatasa alcalina y GGT, junto un ligero aumento de la bilirrubina conjugada.

        En cuanto a los marcadores tumorales, en la actualidad no son buenos para el diagnóstico precoz, ya que se elevan cuando la enfermedad ya se ha diagnosticado por otros medios o el tumor no es resecable; así, el CEA ( antígeno carcinoembrionario) aumenta en el 83% de los cánceres pancreáticos, pero también en otras enfermedades pancreáticas benignas y de otra localización, benignas o malignas. Su positividad suele indicar tumor irresecable. El CA 19.9 se incrementa de forma más precoz en el 90% de los tumores pancreáticos, aunque también en enfermedades pancreáticas benignas, hepáticas y de las vías biliares. Su sensibilidad es del 79% y su especificidad del 98,5% (el CEA tiene una sensibilidad del 44% y una especificidad del 89%). Parece que puede servir como pronóstico preoperatorio, ya que valores +/- 600 U /cc se suelen encontrar asociados con diseminación hematógena o ganglionar y enfermedad avanzada, mientras que los tumores resecables tienen valores en torno a 100 U/cc. En lo que respecta a la supervivencia, se ha visto que un valor por encima de 40 U/cc a las dos semanas de la intervención, indican una supervivencia de menos de 7 meses.  De forma que podemos concluir que el CA. 19-9 representa el marcador más útil en el cáncer de páncreas para marcar los estadios, hacer el seguimiento, un pronóstico y para el diagnóstico diferencial. Actualmente existen otros marcadores en estudio ( DU-PAN-2, TAG 72/CA 72-4 y Span 1).

 


2.- TÉCNICAS DE IMAGEN:

        RX simple de abdomen:

        En ocasiones se puede observar un aumento de la vesícula biliar con  una sombra de partes blandas, esplenomegalia, ascitis, etc..

        RX de tórax:

        Puede mostrar adenopatías mediastínicas o diseminación hematógena pulmonar.

        RX ósea:

        En este tumor pueden demostrarse metástasis óseas de tipo osteolítico u osteoblástico.

        Estudio radiográfico gastroduodenal:

        En una tercera parte de los pacientes con cáncer de cabeza de páncreas puede verse “ ensanchamiento del arco duodenal”, signo del “árbol invertido” y compresión externa con erosión e irregularidad del duodeno; en los tumores de cuerpo y cola puede verse deformidad y aplanamiento del antro gástrico y rigidez del estómago o bien desplazamientos del colon y estómago.

        Ecografía abdominal:

        La ultrasonografía puede demostrar masas generalmente por encima de los 2 cm.

        Es la primera exploración a realizar ante la sospecha de un cáncer de páncreas, teniendo en cuenta que la obesidad y la presencia de gas intestinal pueden dificultar la visión de la glándula. Aunque ecográficamente puede presentarse con distintos patrones, en la mayoría de los casos se observa una masa poco ecogénica que distorsiona la morfología normal del páncreas, siendo las zonas de mejor visualización la cabeza y el cuerpo. La Ecografía puede también ayudarnos a detectar diseminación metastásica hepática, ( en el 45-50% de los casos en la primera visita del paciente).

        La obstrucción de la vía biliar se observa en torno al 60-90% de los casos de carcinoma de cabeza de páncreas, de forma que los ultrasonidos demuestran bien el signo del doble conducto con dilatación del colédoco y del Wirsung, aunque esto también lo podemos observar en la pancreatitis crónica.

        Se reconoce para esta técnica una sensibilidad del 76-83% y una especificidad en torno al 90%.

        TAC Abdominal (figuras 1-3):

        Es la técnica de mayor precisión para el diagnóstico y de su resecabilidad, ya que proporciona información sobre la afectación de ganglios regionales ( preaórticos, en la región pericava y periaórtica), invasión de órganos vecinos y la grasa peripancreática, trombosis de la vena esplénica o mesentérica y la presencia de metástasis hepáticas y carcinomatosis peritoneal.

        El TAC tiene una fiabilidad diagnóstica entre el 83 y el 94% para el carcinoma pancreático con un valor predictivo positivo para determinar la resecabilidad en torno al 80%, y una sensibilidad y especificidad en torno al 70%; sin embargo, entre el 15 y el 20% de los pacientes tienen hallazgos no específicos de una masa en los que el diagnóstico debe apoyarse en otros métodos diagnósticos.

        Ambos, ecografía y TAC permiten además la punción citológica dirigida. Conviene tener en cuenta que la punción negativa no excluye la posibilidad de tumor, ya que éste, a menudo, se rodea de una reacción inflamatoria.

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TC que muestra masa en cola pancreática junto a un hígado tumoral.

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Imagen de TC en la que se observa un carcinoma de cabeza y cuerpo de páncreas.

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TC en el que se observa un carcinoma pancreático que produce dilatación del colédoco.
 

       CPRE:

        Ante una Ecografía o TAC normal en un paciente con alta sospecha clínica o ante una imagen dudosa de cáncer de páncreas, debemos realizar una CPRE, que al opacificar las vías biliares y pancreática permite ver la dilatación de la vía biliar con la zona estenótica y la interrupción brusca del conducto de Wirsung ( este dato es prácticamente diagnóstico de cáncer de páncreas). Además, la CPRE permite tomar una biopsia de la zona ampular. Se le reconoce una sensibilidad en torno al 92% y una especificidad del 96% y parece que la  biopsia pancreática dirigida por CPRE tiene también una alta fiabilidad diagnóstica.

        Arteriografía selectiva pancreática:

         Excelente método para valorar la afectación vascular y para conocer las posibles variantes anatómicas, era la técnica más utilizada para el diagnóstico del tumor y su extensión en el pasado; sin embargo, dado su carácter invasivo, en la actualidad ha quedado relegada a los casos en los que no se ha conseguido establecer el diagnóstico o no ha quedado demostrada la resecabilidad o no del tumor.

        PAAF:

        La PAAF guiada por ecografía o TAC constituye una técnica de gran valor diagnóstico, permitiendo el diagnóstico anatomopatológico en la mayoría de los casos. La sensibilidad alcanza el 83% y su especificidad es absoluta del 100%. La causa principal de falsos negativos es el error en la toma de la muestra y sus complicaciones son anecdóticas.

        Inmunoescintigrafía:

        Una nueva esperanza de mejorar el diagnóstico precoz surge del uso de los anticuerpos monoclonales para detectar antígenos asociados a tumores, como el CA. 19-9 mediante análisis radioinmunométrico. La sensibilidad de la inmunoescintigrafía en la detección del cáncer de páncreas es relativamente baja, al menos de momento, siendo necesario un tiempo para que estos resultados se equiparen a los obtenidos en el cáncer de colon y recto ( precisión de hasta el 90%).

        Laparotomía/ Laparoscopia de estadificación:

        La laparoscopia resulta una técnica sensible y específica, especialmente útil para apreciar una diseminación peritoneal no visible en el TAC, pero es un procedimiento invasivo que requiere anestesia general. Constituye, en última instancia, la prueba diagnóstica concluyente.

 

Algoritmo de actuación ante un cáncer de páncreas

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CATEGORÍAS TNM Y ESTADIOS DEL CÁNCER DE PÁNCREAS

TNM:

T1: Tumor confinado al páncreas

T2 Invasión limitada a duodeno, estómago, conductos biliares.

T3: Invasión local avanzada.

N0: No ganglios invadidos.

N1: Invasión de ganglios regionales.

M0: No evidencia de metástasis.

M1: Metástasis.

Estadios:

I.-T1-2,N0,M0.

II.- T3,N0,M0.

III.- T1-3,N1,M0.

IV.- T1-3,N0-1,M1.

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

        Cuando el síntoma predominante es el dolor, debemos realizar el diagnóstico diferencial con la pancreatitis crónica, por lo que a menudo es necesario recurrir a la determinación de marcadores tumorales y a la práctica de las exploraciones comentadas. También debemos tener en cuenta los tumores retroperitoneales, por las características y la irradiación del dolor.

        Cuando el síntoma que predomina es la ictericia, debemos descartar primero la colestasis intrahepática y la ictericia obstructiva secundaria a procesos benignos ( litiasis coledocal) o tumores de las vías biliares. Para estudiar la ictericia obstructiva extrahepática las principales exploraciones a realizar son la ecografía abdominal, y en caso de duda, la CPRE.

 

ANATOMÍA PATOLÓGICA

         El 90% de los cánceres pancreáticos procede del sistema excretor y el 10% restante de los acinos. Desde el punto de vista histológico es el adenocarcinoma la forma más frecuente, éste se localiza con mayor frecuencia en la cabeza pancreática (60-70%), pudiendo, sin embargo, localizarse en cualquier porción de la glándula.

        El tumor pancreático ocasiona una importante fibrosis del páncreas, siendo el general el tumor más pequeño que el área indurada a la exploración y que suele corresponderse con pancreatitis acompañante.

        Cuando se localiza a nivel de la cabeza, suele ocasionar, en mayor o menor medida, obstrucción del sistema biliar (colestasis o ictericia obstructiva), o del sistema pancreático (pancreatitis distal). Los localizados en cuerpo y cola del páncreas son por lo general más grandes y tienen mayor tendencia a metastatizar a distancia.

        Debido a su crecimiento, suelen afectar a filetes nerviosos, por lo que cursan con importante dolor abdominal, en otras ocasiones puede infiltrar la vena esplénica o la porta y ocasionar metástasis hepáticas (80%) o trombosis. Hasta en el 90% de los casos existe afectación ganglionar en el momento de la intervención. También es frecuente la afectación peritoneal. Se describen en algunos pacientes esteatonecrosis y necrosis migratorias por liberación de sustancias tumorales al torrente sanguíneo.

        En cuanto a las vías de diseminación, estos tumores emplean tanto la vía linfática como la hematógena debido a su abundante sistema de drenaje linfático y venoso, en cuanto a la diseminación por contigüidad, esta ocurre especialmente con el duodeno y el colédoco. La localización más frecuente de las metástasis son el hígado, ganglios linfáticos regionales y pulmón.


        Por lo que respecta a la histología, existen diferentes variedades estructurales:

    1.- Carcinoma ductal:  Es la forma más frecuente (supone el 75% de todos los cánceres de páncreas).  Está compuesto por estructuras glandulares productoras de mucina con diferenciación dultal.  

    2.- Carcinoma indiferenciado (anaplásico):  Es el segundo en frecuencia (2-7%) y está compuesto por grupos irregulares de células con una extrema anaplasia que infiltran el estroma.   A veces pueden simular un sarcoma (carcinoma sarcomatoide).

    3.- Carcinoma adenoescamoso:    Es poco frecuente (3-4%) y se caracteriza por una variable mezcla de elementos glandulares y escamosos.

    4.- Carcinoma de células gigantes osteoclast-like:  Este es un raro tumor que semeja al tumor de células gigantes del hueso.   El componente de células gigantes osteoclast-like es reactivo (no neoplásico) y de naturaleza mesenquimal.

    5.- Cistoadenocarcinoma:    Constituyen un tipo de tumores quísticos del páncreas rodeados por epitelios atípicos.  Son de crecimiento lento y con menor tendencia a metastatizar. Pueden clasificarse en serosos o mucinosos y supone el 1% de los cánceres de páncreas.

    6.- Carcinoma de células acinares:  Simulan las estructuras del epitelio acinar de la glándula.

    7.- Carcinoma in situ: Ocurre en el 19% de los casos. Aparece en forma de hiperplasia de células mucosas, metaplasia epidermoide o atipias epiteliales.

    8.- Carcinoma de la región periampular:  difíciles de diferenciar del cáncer de páncreas. Son también con mayor frecuencia adenocarcinomas y diseminan de igual manera que la neoplasia pancreática.

 


TRATAMIENTO

         Actualmente, la única opción curativa en el cáncer de páncreas es la cirugía, pero la resección tumoral con intención curativa solo es posible en pocos casos ante tumores de la cabeza pancreática y aún menor en tumores de cuerpo y cola.

        La opción técnica más frecuentemente empleada es la operación de Whipple o pancreaticoduodenectomía cefálica que tiene una supervivencia global a los 5 años del 16-18%, pero que no está exenta de una alta morbimortalidad. Es la técnica de elección en tumores de la cabeza pancreática, ampulares y de colédoco distal. Ante un tumor de la cola pancreática se prefiere una pancreatectomía distal. Los tumores del cuerpo pancreático, son difícilmente resecables  debido a la infiltración precoz de los vasos mesentéricos o de la vena porta.

        En pacientes con marcada ictericia, es recomendable realizar el tratamiento en dos fases, una inicial con vistas a eliminar la obstrucción responsable de la misma, bien mediante derivación o por punción transparietohepática, y una segunda resectiva propiamente dicha.

        El siguiente problema al que se enfrenta el cirujano, es valorar la eficacia de la resecabilidad del tumor, así pueden considerarse irresecables aquellos tumores con metástasis a distancia, tumores con afectación portal o mesentérica, tumores que invaden linfáticos del territorio de la mesentérica superior, portobiliares o celiacos, si pueden resecase los tumores con afectación de las cadenas linfáticas coledociana, esplénica, pancreaticoduodenal o yuxtapilórica.

        Hasta hace tres décadas, predominaba la cirugía paliativa, derivativa (by-pass) sobre la cirugía resectiva (pancreatectomía) en el tratamiento del cáncer de páncreas, esto era motivado por la elevada mortalidad hospitalaria secundaria a las resecciones de la glándula y las múltiples complicaciones postoperatorias sobre todo debidas a la anastomosis entre el remanente pancreático y el yeyuno.

        En la disminución de la morbimortalidad postoperatoria, ha jugado un papel primordial la nutrición parenteral total y una adecuada selección de los pacientes, algunos autores atribuyen también un papel importante en esta mejora al empleo de suturas mecánicas.

        En cuanto a la supervivencia a los cinco años, esta es del 40% para los tumores periampulares, pero es cercana al 0% para los adenocarcinomas. Si hablamos de resección paliativa o de cirugía derivativa (by-pass) sin resección, la supervivencia no supera los dos años en ningún grupo, pero parece que la calidad de vida es mejor en el segundo grupo frente al de pacientes resecados con intención paliativa.

        Operaciones derivativas (by-pass):   Su principal indicación es en tumores inoperables con vistas a solucionar las obstrucciones, mejorando de esta forma la calidad de vida de estos pacientes que tiene una supervivencia esperada de 6-12 meses. Existen diferentes técnicas derivativas.

1.- Colecistoyeyunostomía: no requiere anastomosis entérica, es una técnica sencilla y rápida, es imprescindible que el cístico sea permeable.

2.- Coledocoyeyunostomía latero-terminal en Y de Roux,  muy útil en pacientes con vesícula escleroatrófica, sin vesícula o en casos de cístico impermeable.

3.- Coledocoduodenostomía, operación rápida y con muy buenos resultados, exige que el duodeno no esté obstruido.

4.- Gastroenterostomía, es una técnica buena en casos de obstrucción de duodeno o estómago por el tumor.

5.- Pancreaticoyeyunostomía, anastomosis entre el Wirsung y el yeyuno, disminuye el dolor, aunque aumenta la morbi-mortalidad.


        Para paliar el dolor se han empleado diferentes técnicas y/o agentes quimioterápicos como la vaguectomía, resección de esplácnicos, o infiltración anestésica del plexo esplácnico. En cuanto a los agentes quimioterápicos los más empleados son el 5-Fluoracilo asociado a leucovorin o levamisol, la mitomicina C o la estreptozotocina. También se ha empleado la radioterapia local y hay trabajos que abogan por la asociación de radio y quimioterapia esgrimiendo una mayor supervivencia. Otras asociaciones como irinotecan junto con gencitabina, 5- Fluoracilo y leucovorin se han mostrado eficaces en el tratamiento de tumores metastásicos.

         Operaciones resectivas: Como su nombre indica hacen referencia a aquellas intervenciones en las que se extirpa parte de la glándula pancreática o la totalidad de la misma , no siendo infrecuente que se resequen vasos del sistema portal o mesentérico.

        Este tipo de cirugía persigue la curación del cuadro, sin embargo la cirugía pancreática con intención curativa se puede realizar en menos del 10% de los casos. Cuando esta se consigue, la supervivencia a los cinco años es del 33%, frente al 5% a los tres años y 0% a los cinco años en pacientes con cirugía no curativa.

        1.- Duodenopancreatectomía cefálica. Operación de Whipple. Es la operación de elección para el carcinoma de ampolla, del conducto biliar terminal o de la segunda porción duodenal.

        La primera maniobra consiste en la realización de un Kocher amplio para movilizar el duodeno, se diseca el epiplon menor exponiendo el colédoco, la arteria hepática, la arteria gastroduodenal y la vena porta. Se identifica la vena mesentérica superior en el borde inferior del páncreas. Se debe intentar pasar con el dedo desde la vena porta a la mesentérica superior por detrás del páncreas, en caso que sea posible, se considera que la resección es factible.

        La resección comprende:

-    Ligadura de la arteria gastroduodenal.

-    Gastrectomía subtotal.

-    Sección del colédoco.

-    Sección del yeyuno por debajo del ángulo de Treitz.

-    Sección del páncreas a nivel del cuello por encima de la vena porta.

-    Ligadura de las pequeñas ramas mesentéricas y portales.

-    Reconstrucción: Existen diferentes montajes. Anastomosis colédoco-yeyunal terminolateral con tubo en T, pancreatico-yeyunostomia termino-lateral con o sin telescopaje y gastroyeyunostomía latero-lateral Billroth II.

        El principal problema de esta técnica es la elevada morbilidad fundamentalmente derivada de las fístulas pancreáticas que acontecen en el 20% de los pacientes. Otros autores critican a esta técnica la posibilidad de nuevos tumores en el remanente pancreático y cánceres multicéntricos.

 
        2.- Pancreatectomía total:

        Técnica más radical que evita problemas de dispersión tumoral y multicentricidad, consigue una mayor extirpación ganglionar y obvia problemas derivados de la anastomosis pancreática.

        La intervención añade a la operación de Whipple la realización de una pancreatectomía izquierda o distal, en la reconstrucción no se requiere la anastomosis pancreático-yeyunal.

        En el postoperatorio se requiere el empleo de insulina, unas 15-20 U.I./día, también se les aportan enzimas pancreáticas y se recomienda una dieta pobre en grasas.


        3.- Pancreatectomía distal o izquierda:

        Se emplea en tumores de cuerpo y cola pancreáticos.

        Se debe suturar el remanente pancreático con puntos sueltos, prestando especial atención al ducto pancreático. Esta técnica se asocia, en la mayoría de los casos a esplenectomía, si bien esta se puede evitar.


        4.- Pancreatectomía regional:

        Técnica más agresiva con una mortalidad postoperatoria del 16%, pero que consigue supervivencias al año del 62% frente al 36% que se consigue con la operación de Whipple.

        Existen tres tipos de resecciones 0, I, II  que implican mayor grado de agresividad, así en el tipo II se reseca un segmento de la arteria mesentérica superior con posterior anastomosis, lo mismo ocurre con la arteria hepática y el tronco celíaco.


        Indicaciones quirúrgicas en función del estadio tumoral:


Estadio I: Tumor localizado en páncreas.

Estadio II: tumor invadiendo estructuras vecinas (duodeno, estómago, etc.).

Estadio III: Invasión de linfáticos regionales.

Estadio IV: Metástasis distantes.

        Ante pacientes estadio I y II se debe intentar la resección definitiva siempre que sea posible, dado que mejora la supervivencia.

        Enfermos estadio III, pueden ser susceptibles de resección extendida a los territorios ganglionares afectos, aunque en estos pacientes, también es lícito realizar cirugía derivativa, dado que la supervivencia en ambos casos es similar y las técnicas derivativas comportan una menor morbimortalidad.

        En pacientes con tumores estadio IV se debe realizar cirugía derivativa que palie las obstrucciones gastrointestinales o biliares.

 

COMPLICACIONES DE LA CIRUGÍA

         Si bien la mortalidad operatoria de la pancreatectomía ha descendido hasta el 4% en centros con experiencia, la morbilidad puede llegar a ser del 50%. Entre las causas de esta morbilidad destacan el vaciamiento gástrico retrasado, la fístula pancreática, absceso abdominal, hemorragia, infección de la herida, diabetes e insuficiencia pancreática exocrina.

         Quizá de ellas la más importante sea la fístula pancreática secundaria a dehiscencia de la anastomosis pancreaticoyeyunal. Acontece entre el 8 y 25% de los pacientes. Se define como el drenaje persistente de más de 50 ml/día de líquido rico en amilasa después del 7º día postoperatorio. En series amplias la fuga pancreática es la responsable directa de la mortalidad del paciente hasta en el 20% de los casos.

        Cerca del 80% de las fístulas pancreáticas se resuelven mediante tratamiento conservador con nutrición parenteral total, reposo digestivo y drenaje adecuado, se ha empleado el octreótido con resultados desiguales según series. Un 10-15% requieren algún tipo de actuación percutánea, como la colocación de drenajes. En torno al 5% de los casos requieren tratamiento quirúrgico que suele consistir en pancreatectomía total.

 

BIBLIOGRAFÍA


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2.- S. Navarro Colás, L. Guarner Aguilar, “ Carcinoma de páncreas”; Medicina Interna. Farreras- Rozman, vol. 1, 12ª edición, 1992, p. 215-217.

3.- C. S. Pedrosa “ El Páncreas”; Diagnóstico por imagen. C.S. Pedrosa, R. Casanova; Interamericana-Mc Graw-Hill, 1995.

4.- A. Abad, “Cáncer de páncreas”. Oncología Médica,vol.1, Grupo Aula Médica, 1999, 543-553.

5.- J.M Ramia et al. “ Correlación entre los valores séricos preoperatorios de CEA, CA 19.9 y CA 195 y la resecabilidad quirúrgica en el cáncer de páncreas”; Cir Esp 1999; 66:23-27.

6.- Cameron J.L. Neoplasias pancreáticas. Clínicas Quirúrgicas de Norteamérica. Vol. 5. 1995.

7.- Kozuch P et al. Irinotecan combined with gemcitabine, 5-fluoracil, leucovorin and cisplatin (G-FLIP) is an effective and noncrossresistnat treatment for chemotherapy refractory metastatic pancreatic cancer. Oncologist. 2001; 6(6): 488-495.

 

Autores:   Ana Utrillas Martínez, Manuel López Bañeres y José María del Val Gil.   Servicio de Cirugía del Hospital General Obispo Polanco de Teruel.

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