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Pasó Don Pedro por Teruel hace muy poco tiempo y habló desde la lucidez de sus noventa y un años. En esa charla dejó entrever toda la erudición encerrada en su persona y ese dominio de la lengua que tenían el don de convertir en muy amenas sus lecciones de cátedra. Nació en Urrea de Gaén (Teruel) el 15 de febrero de 1908. Era hijo del Médico. Allí vivió varios años, escasos, pero los suficientes para que sus oídos escucharan por vez primera el retumbar del los tambores de la Semana Santa del Bajo Aragón, para presenciar ese dance particular que es patrimonio de Urrea y corretear jugando por sus calles con los otros chicos. De allí salió cargado de ésas sus impresiones primeras que le marcaron para siempre con el recuerdo de aquella población turolense que le vio nacer.  |  |
Por distintos avatares, el estudio del Bachillerato le llevó por los Institutos de Soria, Teruel, Zaragoza y Pamplona. Y desde allí inició un recorrido, también variado, por los ambientes universitarios de la misma Zaragoza , Madrid y Valencia para terminar en Viena con el fin de especializarse en Psiquiatría. Precisamente en Madrid, se enamoró de Milagros, una sevillana de la que ya nunca se separaría. Era una pareja especial de intelectuales porque, la que luego fue su esposa, era de las pocas mujeres que estudiaban en aquella época. En concreto era Licenciada en Químicas. Ejerció la medicina durante unos años en Valencia hasta que consiguió la Cátedra de Historia de la Medicina de la Universidad de Madrid en 1942. En ella continuó hasta 1956 impartiendo sus conocimientos, fundamentalmente en los Cursos de Doctorado, pero con un espíritu distinto, novedoso. Eran muy particulares sus lecciones. Convocaba en sus clases a alumnos que pululábamos por la Facultad y que, aún no estando matriculados en su asignatura, cuando encontrábamos una hora vacía nos acercábamos al aula de Don Pedro, por el placer de escucharle. Llegó a ser Rector de la Universidad y desde la institución docente pretendió para los estudiantes, con todo su esfuerzo, una libertad intelectual muy difícil de lograr para los tiempos que corrían. Si tan solo se citaran títulos de sus trabajos o se enumeraran los premios o los vínculos a Sociedades Científicas importantes, habríamos de incluir unas muy largas listas, que podrían resultar farragosas. Para acercarnos a comprender el complejo y variado abanico de conocimientos del Profesor Laín, sí que conviene señalar que fue Miembro de la Real Academia de Medicina de la Lengua con la letra “j” minúscula, Entidad ésta de la que fue Director. A uno, particularmente, le gusta también “La curación por la palabra en la antigüedad clásica”, publicada en la Revista de Occidente, dónde explica con la historia en mano la importancia de la curación psicológica como acompañante de la actuación técnica. Otros se inclinan por sus ensayos sobre la generación del 98 con varias particulares biografías o los referidos a España como problema y esperanza. Su obra culmen es el ameno, documentado e ilustrado "Tratado de Historia de la Medicina". Era una mente amplia, abierta a todo, de la que es muy difícil encontrar parangón. De ahí el vacío que se produjo en la cultura con la pérdida de este entrañable turolense que falleció en Madrid el día cinco de junio, a los 93 años de edad. Tenía un deseo para con los médicos que habla de su talante y expresaba así en el Epílogo de su antes mencionado Tratado de Historia:
“Sobre la fachada del Archivo Nacional de Washington dicen unas letras de bronce “Lo que es pasado, es prólogo”. En nuestro caso, el prólogo de un futuro en el cual los médicos seguirán siendo eficaces agentes de la esperanza terrenal del hombre” . Autor: Jesús Sánchez Padilla- Médico EAP del Centro de Salud de Teruel.
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