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ANTECEDENTES Y PROLEGOMENOS
La primera dioxina clorada fue sintetizada en 1872 por Merz y
Weith, pero su estructura no se conoció hasta 1957 [1],[2]. En
este mismo año se efectuó la síntesis de la 2,3,7,8
tetraclorodibenzodioxina [3]. En ambos casos los técnicos de
laboratorio fueron hospitalizados.
La historia de los efectos de las dioxinas a gran escala sobre
la salud, comienza en 1949 con la explosión ocurrida en la
planta química de Montesanto en Nitro, Virginia, donde se
fabricaba el herbicida 2,4,5 triclorofenol.
La utilización de agentes defoliantes durante la guerra de
Vietnam, establecía una causalidad directa entre dioxinas y
determinadas patologías. En 1994 las autoridades norteamericanas
aceptaron la relación entre nueve patologías (cancer no), y la
exposición a defoliantes. Diez años antes, en 1984, las siete
empresas fabricantes de los productos utilizados en Vietnam,
llegaron a un acuerdo con los veteranos: 180 millones de dólares
a cambio de que estos renunciasen a todo tipo de acción judicial
posterior [4],[5].
Durante 1968 en Yusho, Japón, 2000 personas sufrían
envenenamiento por el consumo de aceite de arroz contaminado por
dioxinas [6].
En 1976 en Seveso, Italia, se produjo la liberación masiva de
una nube tóxica que contenía dioxinas. El accidente tuvo lugar
en la planta industrial de ICMESA de la empresa Hoffman-La Roche.
Se produjeron numerosas víctimas. Mató a 73.000 animales
domésticos y obligó a la evacuación de 700 personas.
En febrero de 1999 en Belgica, aparece un nuevo episodio
relacionado otra vez, con la contaminación de alimentos
destinados al consumo humano, "las dioxinas de los
huevos". En esta ocasión el origen se encuentra en la
contaminación de piensos destinados al cebado de pollos.
En todos los casos citados, el patrón de presencia de las
diferentes dioxinas, es muy similar: 2,3,7,8 TCDF;1,2,3,7,8 PCDF;
2,3,4,7,8 PCDF; 1,2,3,4,7,8 HCDF y 2,3,7,8 TCDD. Todos los
compuestos tienen cloradas las posiciones 2,3,7 y 8. El
mencionado patrón es virtualmente idéntico en el caso del
aceite de arroz de Yusho y en los huevos belgas [7].
Las dioxinas pertenecen al grupo genérico de los
organoclorados que comprende a unos 11.000 compuestos. Son
compuestos aromáticos tricíclicos y halogenados, derivados del
nucleo de la dibenzo-p-dioxina. La más conocida de todas ellas
es la 2,3,7,8 tetraclorodibenzo-p-dioxina. Existen otros grupos
químicamente relacionados y que frecuentemente aparen asociados
a las dioxinas, son los policlorodibenzofuranos y
policlorobifenilos .

Existen 75 congéneres teóricos clorados para las
dibenzodixinas, 135 para los dibenzofuranos y 209 para los
bifenilos. La toxicidad de los diferentes congéneres es función
de las posiciones cloradas, siendo unos treinta de todos ellos
los que mayor riesgo implican[8].
Son compuestos muy estables. Tienen una elevada
liposolubilidad, asociándose a grasas, aceites y disolventes
orgánicos, lo que facilita su bioacumulación. Son
termoestables. Poseen una baja presión de vapor pero son
fotolábiles. Los métodos analíticos basicamente utilizados son
la cromatografia de gases y la espectrometría de gases
[8],[9],[10].
A pesar de la capacidad de las dioxinas para iniciar el
metabolismo de otros muchos compuestos, las TCDD tiene una
semivida estimada en el organismo de entre cinco y once años, lo
que constituye un motivo de preocupación adicional [11],[12].
Las semividas calculadas entre diferentes especies son
discrepantes[8].
La capacidad de absorción oral es muy elevada, situándose en
medio lipídico en el 90% . Tambien es elevada la absorción
pulmonar, la placentaria y la ocurrida durante la lactancia. Por
el contrario la difusión cutánea está muy restringida [12].
Se originan de modo habitual en la incineración de los
residuos urbanos y hospitalarios, en la fabricación de papel, en
la industria del cemento, en la fabricación de herbicidas y
defoliantes,en la producción de metales a alta temperatura y en
la fabricación del PVC. Tambien se generan durante los procesos
de combustión del caucho y de los productos petrolíferos ,
incluyendo los gases procedentes de motores de gasolina con o sin
plomo, con o sin convertidores catalíticos y Diesel [8],[12].
Todos ellos, excepto los policlorobifenilos (que son obtenidos
industrialmente con fines bien determinados), aparecen como
contaminantes rutinarios en cualquier síntesis orgánica cuyos
sustratos iniciales contengan 2,4,5 triclorofenol.
El efecto de las dioxinas dista mucho de ser conocido en su
totalidad. En intoxicaciones agudas aparecen cuadros de cefalea
intensa, alteraciones digestivas y cutáneas, dolores musculares
y articulares, así como una variedad de alteraciones
enzimáticas, neurológicas y psiquiátricas[12].
A medio y largo plazo, el conocimiento de los efectos de las
dioxinas es precario. Las dosis soportadas, la cronicidad de las
mismas y los efectos producidos en las diferentes especies
estudiadas son confusas, a pesar del cúmulo de iniciativas
desarrolladas por entidades y organizaciones de toda condición.
Datos epidemiológicos indican que la exposición a elevadas
dosis puede producir un incremento del 40% en el riesgo relativo
de varios tipos de cancer. No obstante no puede descartarse la
participación de otros factores[12].
Algunos de los efectos encontrados en la bibliografía se
muestran a continuación:
- Cancer respiratorio, cancer de próstata, mieloma múltiple,
sarcoma de tejido blanco, linfoma no Hodkin, hepatocarcinoma solo
en presencia de estrógenos, lesiones de timo y hepáticas,
defectos congénitos y depresión del sistema inmunológico
[1],[5],[8],[11],[13],[14],[15],[16].
-
Cloracné desfigurante [5],[11],[12],[14],[15].
-
Alteraciones del crecimiento y de la diferenciación dérmica
[11],[12],[14].
-
Afecciones cardiovasculares
[12],[13],[17],[18],[19],[20],[21].
-
Cambios degenerativos del esqueleto y del músculo cardiaco
[7]. Las lesiones asemejan la "enfermedad edematosa de
pollo" descrita ente 1950 y 1970 [22].
-
La 2,3,4,8 TCDD mantiene interacciones con el sistema
endocrino. Se observan alteraciones relacionadas con hormonas
tiroideas circulantes y disfunciones de la actividad
espermatogénica [8],[12],[14],[23].
-
TCDD presenta actividad antiestrogénica en cultivos de
células de cancer mamario [8],[14],[23].
-
TCDD es un potente inductor de enzimas microsómicas
dependientes del citocromo
-
P 450 [8],[17],[20],[23].
-
Hipertrigliceridemia, hiperglucemia e incremento de
gammaglutamil transpeptidasa[12].
-
Endometriosis [13].
La potencia de las dioxinas es un reflejo directo de su
capacidad de enlazarse con un receptor nuclear.El complejo
receptor-dioxina AhR – receptor de hidrocarburos
aromáticos- se encuentra asociado a una segunda proteina Arnt.
Este sistema parece actuar interaccionando con las zonas
promotoras de una serie de genes, induciendo la transcripción de
los mismos. El mejor conocido de ellos es el citocromo P 450
[11].
El citocromo P 450 es usualmente conocido como citocromo M. Es
miembro de un subgrupo aparentemente único, tiene unido un
átomo de azufre entre el átomo de hierro y él mismo [24].
La proteina del citocromo P 450 funciona desintoxicando las
células. Estas enzimas ayudan a descomponer las grasas, pero el
aumento de niveles de la enzima conduce a la formación de
compuestos peligrosos [11].
P450 participa en diversas actividades enzimáticas:
monooxigenasa E.C. 1.14.14.1; canfor 5-monooxigenasa E.C.
1.14.15.1; alcano 1-monooxigenas E.C. 1.14.15.3; esteroide
11-beta monooxigenasa E.C. 1.14.15.4; colesterol monooxigenasa
E.C. 1.14.15.6 [24].
P450-C HUMANO:
DATABASE CODE CP11_HUMAN
512 AMINOACIDOS
58,10 KDA.
En la mayor parte de las arterias basales, una significante
dilatación del endotelio dependiente de varios estímulos
persiste despues de la inhibición por la óxido nítrico
sintetasa y ciclooxigenasa. Esta dilatación está precedida por
una hiperpolarización endotelio dependiente de las células
musculares lisas vasculares, que son sensibles a una combinación
del canal calcio dependiente del potasio, inhibido por
caribdotoxina y apamina, y mediado por un presunto no
identificado "factor hiperpolarizante endotelio
derivado"(EDHF) [18],[19]. La inducción del citocromo P450
2C8/34 en células endoteliales de la arteria coronaria porcina
nativa aumenta la formación del ácido 11,12
epoxieicosatrienóico (un derivado del ácido araquidónico),
así como hiperpolarización mediada por EDHF y relajación.
Los datos de la producción endotelial de 11,12 EET, sugieren
que EDHF por hiperpolarización mediada y relajación en arterias
coronarias porcinas, puede ser selectivamente modulado por
alteraciones en la expresión de la actividad de CYP 2C/34. Esto
representa, la primera evidencia directa para la existencia de la
sintesis de EDHF CYP dependiente en células endoteliales nativas
en la circulación coronaria. Asimismo, 11,12 EET es el principal
producto generado por CYP 2C en las células endoteliales, y EET
activa los canales K+-Ca++-dep e hiperpolariza las células
musculares lisas coronarias, siendo así el candidato para el
EFHF coronario[17].
Por otro lado, la inducción de P 450 por beta-carotenos se
relaciona bibliográficamente con procesos oncogénicos
[25],[26]. Se ha descrito un incremento significativo en enzimas
oncogénicas:
- CYP 1A ½: activación aromática de aminas y difenilos
policlorados.
- CYP 2B1: activación de olefinas y organoclorados.
- CYP 2A : activación de butadieno, hexametilfosforamida y
nitrosaminas [20].
Del cotejo entre fuentes de producción accidentales y las de
producción habitual debe inferirse que, el riesgo real de
contaminación es un hecho cotidiano.
Existen intereses enfrentados entre sectores sanitarios y
ecologistas de un lado (sujetos del efecto) y, la industria del
cloro y del tratamiento de residuos, y afines por otro
(productores de la causa).
Un sorprendente estudio de la Ruhr-Universität de Bochum
señala que, en un balance de masas, la candidad de PCDD
excretadas, exceden a la cantidad de las ingeridas en la dieta
aproximadamente en el doble. Estos autores concluyen que las
diferencias encontradas pueden estar causadas por fuentes
adicionales de exposición, por formación endógena de novo o
por reducción de las cantidades ingeridas y acumuladas en
periodos anteriores [27],[28],[29]. La síntesis de novo
no parece ser la más seductora, aunque sería factible la
ingestión de precursores.
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Autor: Vicente Soriano Ibáñez .Bioquímico. Profesor de Homeostasis de la
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