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El hecho de que la dieta y los factores relacionados con la misma puedan estar implicados en la etiología y prevención de algunos cánceres ha sido y sigue siendo un tema de candente actualidad. En 1981, Doll y Peto sugerían que el 35% (10-70%) de los cánceres ocurridos en EE.UU. podrían ser debidos a factores dietéticos, pero dado que el intervalo de confianza de este porcentaje era tan amplio quedaba mucho por estudiar e investigar para hacer una afirmación sólida sobre la relación que nos ocupa. Desde distintas perspectivas de investigación nivel básico, clínico y epidemiológico, los conocimientos alcanzados apuntan a que esta hipótesis causal tiene fundamento y que las estrategias que puedan realizarse en los cambios dietéticos pueden ser de relevancia operativa para prevenir el cáncer, o al menos algunos tipos de cánceres.
Los datos más recientes indican como valor medio que alrededor de un 32% (20-42%) de las muertes por cáncer son debidas al tipo de dieta (Willett, 1995). En este sentido y apuntando una de las perspectivas pragmáticas del tema, Potter (1997) estima que si se produjera un incremento promedio de 2,5 veces en la ingesta de frutas y verduras en el mundo podría llegar a prevenir hasta un 33% el total de cánceres de pulmón, de órganos gastrointestinales y de cuello de útero.
En la presente conferencia se describirán, a modo de revisión, los datos existentes que fundamentan la aseveración de que ciertas modificaciones en la dieta podrían llegar a reducir al menos en una tercera parte el riesgo de padecer cáncer (Willett, 1997).
El reto de abordar una exposición de estas características no conlleva sólo la dificultad derivada de la enorme cantidad de material bibliográfico a manejar a la hora de poder plasmar los conocimientos actuales existentes sobre el tema, sino también en el desafío de cómo enfocar de forma sintética el tema, en el intento de plasmar dicha información en esta ponencia. Las diferentes aproximaciones posibles que manejamos pueden ser resumidas en las siguientes alternativas:
1. Presentar las posibles aproximaciones metodológicas (estructurando el abordaje según el tipo de estudios) que han permitido llegar al conocimiento actual de la asociación que nos ocupa.
2. Describir de forma sistemática los distintos tipos de cánceres y los hallazgos encontrados sobre sus relaciones individuales con factores alimentarios/nutricionales.
3. Caracterizar los tipos de alimentos/nutrientes y las relaciones evidenciadas hasta el momento en relación con la aparición de cáncer.
En esta ocasión voy a optar por la mezcla de las dos últimas aproximaciones. Tomando como punto de partida los dos actuales informes sobre el tema que nos ocupa, uno realizado por el Chief Medical Officer’s Commmittee on Medical Aspects of Foods (COMA), y el otro por una comisión encargada directamente por la Fundación World Cancer Research, donde se recogen todos los actuales hallazgos sobre las evidencias, fundamentalmente epidemiológicas, de la asociación entre dieta y cáncer, describiré de forma resumida los principales factores nutricionales relacionados positiva o negativamente con la aparición del cáncer.
EL EFECTO DE LOS COMPONENTES ALIMENTARIOS Y NUTRICIONALES EN EL DESARROLLO DEL CÁNCER
Antes de adentrarnos en las evidencias actuales sobre dieta y cáncer, hay que mencionar la limitación y la complejidad que supone el estudio de la dieta humana en sí misma. Los alimentos que consumimos cada día contienen cientos de sustancias químicas específicas, algunas todavía pobremente caracterizadas, desde un punto de vista bioquímico, mientras otras sólo están descritas de forma imprecisa o compleja.
Paralelamente hay que tener en cuenta que la ingesta de esta dieta conlleva subyacentemente la interacción de sus componentes entre sí y con otros factores genéticos y ambientales. Por tanto, la exposición humana a la dieta es un factor difícilmente abordable como factor único de asociación causal. La complejidad de la interacción entre componentes dietéticos y el metabolismo de los mismos ha de tenerse en cuenta en el abordaje analítico de los resultados de los estudios sobre dieta y cáncer, el aislamiento y determinación de los componentes alimentarios y nutricionales potencialmente cancerígenos.
En la presente conferencia se irán revisando cada una de los principales agentes dietéticos relacionados de forma positiva o negativa con la aparición de tumores malignos, mostrando las evidencias de las que se dispone en la actualidad. Para complementar la información presentada se incluyen (en tablas 1 y 2) una descripción de la influencia de factores dietéticos y otros (fundamentalmente hábitos de vida) relacionados con el riesgo de padecer cáncer, según localización tumoral.
PAUTAS ALIMENTARIAS QUE PODRÍAN LLEGAR A REDUCIR EL RIESGO DE CÁNCER
Desde un punto de vista pragmático, para reducir la incidencia de aquellos tumores relacionados con la dieta, sería recomendable lo siguiente:
• Incrementar el consumo de frutas y verduras (hasta al menos cinco porciones al día). Este factor aparece de forma consistente como protector frente a la mayoría de los tumores, en particular para el cáncer de colon y para el cáncer gástrico.
• Aumentar de forma relativa el consumo de cereales no procesados (como fuente de polisacáridos no refinados).
• Disminuir el consumo de carne, especialmente de carnes rojas y procesadas. El consumo de este tipo de alimentos está relacionado con cáncer intestinal, mama , próstata y páncreas. La World Cancer Research Fund recomienda “si se desea comer carne roja, la ingesta de ésta no debe superar el 10% de las calorías ingeridas”. Dicho de otra manera, se recomienda de forma individual no comer carne roja por encima de 80 g /día.
• Intentar evitar la obesidad. Sin llegar al extremo contrario, hay que recordar que en la mujer la obesidad está asociada con cáncer endometrial y con cáncer de mama de mujeres postmenopáusicas; y en el varón, con el cáncer intestinal. El peso corporal deberá mantenerse en el rango de lo saludable, es decir, un índice de masa corporal (peso/altura)2 de 20-25.
• No abusar de dietas ricas en grasas. Más allá de su posible relación directa con ciertos tumores, está el problema de su contribución a estados de obesidad.
• Tratar de evitar (o al menos reducir) el consumo de alcohol, factor de riesgo para cánceres gastrointestinales, hepáticos, y de mama. Las recomendaciones (alternativas a la posibilidad de abstinencia) son consumos de no más de 2 unidades/día para las mujeres, y de 3 unidades/día para varones.
• Reducir o evitar el consumo de alimentos salazonados y ahumados.
• Abstenerse de suplementos vitamínicos innesarios.
Todas estas recomendaciones dietéticas deberán ir acompañadas de unos hábitos de vida saludable, relacionados directamente con la aparición o no de diferentes cánceres. El hábito tabáquico, la vida sedentaria (no realización de ejercicio físico regular), la exposición prolongada al sol sín control, y el padecer hepatitis B y C, son quizás los factores ambientales mejor conocidos, cuyo control junto con una dieta saludable podría hacer que la reducción del cáncer en generaciones futuras sea una realidad.
TABLA
1:
Factores dietéticos relacionados con el riesgo de padecer
cáncer según localización tumoral
| Localización neoplásica |
Probable incremento del riesgo |
Probable efecto protector (menor riesgo) |
Posible incremento del riesgo |
Posible efecto protector (menor riesgo) |
| Pulmón |
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|
Alcohol
Carne
|
Frutas y
verduras |
| Mama |
Alcohol
Carne roja
Carne frita
|
Vegetales |
|
Frutas
Fito-estrógenos
|
| Colo-rectal
|
Carne
roja
Carne procesada
|
Vegetales
Polisacáridos no refinados (fibra)
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Alcohol
Grasa
|
Folatos |
| Estómago |
Sal
Alimentos en
adobo y salazón
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Frutas y verduras
Vitamina C
|
|
Carotenoides |
| Próstata |
|
Vitamina
E |
Carne
(roja)
Grasa
|
Vegetales |
| Cérvix
uterino |
|
Frutas y
verduras
Vitamina C
|
|
Folatos
Vitamina A
|
| Vejiga |
|
Frutas y
verduras |
|
|
| Esófago |
Alcohol |
Frutas y
verduras |
|
|
| Hígado |
Alcohol |
|
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TABLA
2:
Estilos de vida y otros factores relacionados con el riesgo de
padecer cáncer según localización tumoral
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Localización neoplásica
|
Incrementa del riesgo
|
Disminuye el riesgo
|
| Pulmón |
Tabaco
Ocupación
|
Actividad
física |
| Mama |
Menarquia
precoz
Menopausia tardía
Primer embarazo a edad avanzada
Altura
Obesidad (después de la
menopausia)
|
Actividad
física |
| Colo-rectal
|
Pólipos
adenomatosos
Enfermedad
inflamatoria intestinal
Obesidad (en el varón)
|
Actividad
física |
| Estómago |
Infección por Helicobacter pylory |
|
| Cérvix
uterino |
Papilomavirus
humano
Tabaco
|
|
| Endometrio |
Exposición
a estrógenos
Obesidad
|
|
| Ovario |
|
Uso
prolongado de anticonceptivos orales |
| Vejiga |
Tabaco
Ocupación
Esquistosomiasis
|
|
| Esófago |
Tabaco
Enfermedad de Barrett
|
|
| Hígado |
Infección
por hepatitis B y C |
|
| Páncreas |
Tabaco |
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1. Chesson A, Collins A. Assessment of the role of diet in cancer prevention. Cancer Lett. 1997; 114:237-245.
2. Chief Medical Officer's Committee on Medical Aspects of Food. Nutritional aspects of the development of cancer. London: Stationery Office, 1998.
3. Doll R, Peto R. The causes of cancer: quantitative estimates of avoidable risks of cancer in the United States today. J Natl Cancer Inst 1981; 66:1191-1308.
4. Hill MJ. Diet, physical activity and cancer risk. Public Health Nutr 1999; 2:397-401.
5. Potter JD. Diet and cancer: possible explanations for the higher risk of cancer in the poor. IARC.Sci.Publ. 1997; 265-283.
6. Prasad KN, Cole W, Hovland P. Cancer prevention studies: past, present, and future directions. Nutrition. 1998; 14:197-210.
7. Willett WC. Diet, nutrition and avoidable cancer. Environ.Health Perspect. 1995; 103:165-170.
8. Willett WC. Nutrition and cancer. Salud.Publica.Mex. 1997; 39:298-309.
9. Williams GM, Williams CL, Weisburger JH. Diet and cancer prevention: the fiber first diet. Toxicol Sci 1999; 52:72-86.
10. World Cancer Research Fund. Food, nutrition and the prevention of cancer: a global perspective. Washington, DC: WCRF, American Institute for Cancer Research, 1997.
11. Yuspa SH, Poirier MC. Chemical carcinogenesis: from animal models to molecular models in one decade. Adv Cancer Res 1988; 50:70
Autor: Dr. J. M. Martín Moreno Director Escuela Nacional de Sanidad Instituto de Salud Carlos III.
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