Las estrategias primarias para el tratamiento hormonal del
cáncer de mama se han basado en la modificación del medio
endocrino del tumor, con el objetivo de inhibir el efecto
estimulador de los estrógenos. Los tratamientos primeramente
evaluados fueron la ooforectomía, adrenalectomía e incluso
altas dosis de estrógenos o de andrógenos que han sido
sustituidos en la actualidad por pautas más específicas.
Al analizar el control endocrino del cáncer de mama, podemos
incidir a nivel del eje hipoálamo-hipofisario por el uso de
análogos de la hormona hipotalámica liberadora de
gonadotrofinas (GnRH) o a nivel periférico por inhibidores de la
aromatasa. A nivel celular, el objetivo de inhibir el crecimiento
tumoral se consigue con el uso de antiestrógenos, de los cuales
el más estudiado ha sido el tamoxifeno (TMF).
El TMF es una sustancia no esteroidea con actividad
antiestrogénica, sintetizada en 1966. Inicialmente, en
experimentación animal se desarrolló como agente contraceptivo
pero posteriormente se observó su capacidad para inducir la
ovulación, así como la capacidad de supresión de tumores
mamarios inducidos en ratas. En 1971 se presentó el primer
estudio preliminar sobre la eficacia clínica del TMF en el
carcinoma de mama avanzado, siendo aprobado su uso en 1977 por la
Food and Drug Administration. En la actualidad es el
agente antineoplásico más frecuentemente prescrito en el
cáncer de mama en todo el mundo. Los efectos agonistas
estrogénicos del TMF, responsables de ciertos efectos
secundarios, han llevado en estos momentos a la investigación de
agentes antiestrogénicos puros.
I - Tamoxifeno
Farmacocinética
El TMF es el Z (trans) isómero del trifenilerileno,
análogo estructural del estradiol. Tiene actividad
farmacológica compleja, ya que a bajas dosis actúa como
agonista estrogénico total o parcial, según la especie y el
órgano estudiado y las concentraciones de estrógenos
circulantes. Con la administración oral de 10-20 mg/día se
consiguen concentraciones plasmáticas estables a las 4 semanas.
Se metaboliza a nivel hepático por hidroxilación y
conjugación. Los principales metabolitos son
N-desmetiltamoxifeno y el 4-hidroxitamoxifeno, poseyendo éste
último una afinidad por los receptores estrogénicos (RE) que es
25-50 veces superior al TMF. La vida media inicial
plasmática varía entre horas y la terminal de 7 días. El TMF y
sus metabolitos pueden detectarse en el plasma hasta 6 semanas
después de suspender el tratamiento, lo que puede producir
falsos resultados negativos de RE en casos de terapia
neoadyuvante.
Mecanismos de acción
La principal actividad antitumoral del TMF y sus metabolitos
se ejerce a nivel de los receptores citoplasmáticos
estrogénicos por mecanismo competitivo. El complejo TMF/RE
impide la transcripción genética, la síntesis de DNA, el
crecimiento celular y el aumento de polipéptidos autocrinos
(EGF, IGF-I1) y otros factores de crecimiento implicados en la
proliferación celular. Se produciría, por tanto, una reducción
del contenido de DNA y una reducción del número de células en
fase S.
En estudios in vitro el TMF inhibe la proliferación de las
células de cáncer de mama alterando el ciclo celular,
impidiendo el paso de células en fase G1 precoz a
fase G media; o sea, se comporta como citostático y este efecto
es dosis dependiente.
El TMF puede inhibir además la proliferación celular por
otros mecanismos no asociados a los receptores de estrógenos:
inhibición de la protein-kinasa, activación de calmodulina,
unión con la proteína microsomal, aumento de la producción de
anticuerpos, inhibición de linfocitos CD4 y otros mecanismos
como la inhibición de la angiogénesis.
A bajas concentraciones el TMF actúa como agonista
estrogénico, produciéndose proliferación tumoral. Debido a
ello, en el 4-6% de pacientes con metástasis
se produce, al iniciar el tratamiento, manifestaciones de dolor,
eritema e hipercalcemia.
Un aspecto de gran importancia en la actualidad es la
existencia de células de cáncer de mama con receptores de
estrógenos resistentes al TMF, que puede ser inicial o
adquirida, lo que comporta que pacientes con respuesta inicial
presenten recurrencia. El mecanismo probablemente es complejo, ya
que hay que tener en cuenta que el ciclo celular se produce no
como un proceso lineal sino como una serie de
intercomunicaciones. Por otra parte, el receptor puede no ser
funcional o probablemente puede tener una alteración o
mutación.
Además de los efectos antitumorales, el TMF tiene acciones
sistémicas, algunas de ellas serán analizadas como efectos
secundarios, aunque es uno de los fármacos menos tóxicos de los
utilizados en el cáncer de mama. Se ha descrito un aumento de
colesterol HDL, reducción de la actividad de la antitrombina III
e inhibición de prostaglandinas implicadas en la reabsorción
ósea.
Efectos endocrinos
Los efectos de TMF sobre los niveles de hormonas circulantes
están en función del estado hormonal inicial, edad, dosis y
duración del tratamiento. En la mujer premenopáusica no se
produce inhibición total de la función ovárica con existencia
de ciclos regulares, los niveles de hormona foliculo-estimulanre
(FSH) y hormona luteinizante (LH) no varían o están algo
aumentados, los niveles de estradiol aumentan ligeramente y los
niveles de prolactina pueden disminuir ligeramente en la mitad
del ciclo.
En la mujer postmenopáusica se observan niveles bajos de FSH
y LH, aunque en el rango de normalidad y los niveles de
estrógenos no presenta cambios.
Tratamiento adyuvante en el cáncer de
mama inicial
El tratamiento adyuvante en estadios precoces tiene el
objetivo de aumentar las tasas de curación a largo plazo. En
estos momentos el TMF es el tratamiento endocrino de elección en
los protocolos de cáncer de mama. Al revisar los ensayos
clínicos randomizados sobre la utilidad del TMF aparecidos en la
bibliografía, observamos que los criterios de selección de
pacientes, las dosis diarias, la duración del tratamiento y del
período de seguimiento son distintos, pero en todos ellos se
observa un aumento del período libre de enfermedad en las
pacientes tratadas. Solamente en algunos de los estudios se
observa aumento significativo de la supervivencia global. La
mayor parte de las pacientes en estos estudios son
postmenopáusicas y no se conoce el estado de los receptores en
muchos de ellos, faltando datos individualizados de pacientes
premenopáusicas.
El Early Breast Cancer Trialist Collaborative Group ha
realizado un metanálisis de los estudios randomizados de
tratamiento en el cáncer de mama inicial. Se incluyen 30.000
mujeres randomizadas en TMF o no tratamiento y estudios de
quimioterapia versus quimioterapia asociada a TME En el grupo de
pacientes de más de 50 años la reducción del riesgo de
recurrencia y muerte fue de 29 y 20% en mientras que, pacientes
de menos de 50 años la reducción fue del 12 y 6%,
respectivamente. La reducción en mortalidad con TMF se observó
principalmente en los 5 primeros años, aunque las diferencias
aumentaron de manera progresiva desde el inicio hasta los 10
años. Con respecto a la afectación ganglionar, la reducción en
las tasas de muerte fue similar en pacientes con ganglios
positivos y negativos, pero existe un aumento de la supervivencia
a los l0 años del 8,2% en pacientes con afectación ganglionar y
del 3,5% si los ganglios son negativos. Por otra parte, en dicho
estudio se observa que no existen diferencias entre varias dosis
de TMF y que dosis superiores a 20 mg no mejoran los resultados.
En el mismo estudio se observa en las pacientes tratadas con TMF
una reducción de mortalidad por causas no debidas a la neoplasia
del 1 2%.
Tratamiento en el cáncer de mama
avanzado
En el cáncer de mama metastásico con RE positivos se obtiene
una tasa de remisión completa o parcial en más del 50% de casos
tratados con TMF, oscilando la duración media de la respuesta
entre 2 y 24 meses. Los factores predictivos de respuesta al TMF
son: edad avanzada, largo período libre de enfermedad,
progresión asintomática y respuesta previa a tratamiento
hormonal.
Se ha ensayado la efectividad de TMF frente a otras terapias
hormonales como dietilbestrol y etinilestradiol, sin detectarse
diferencias entre estas pautas, aunque los efectos secundarios
fueron menores con TME Se ha comparado asimismo TMF con
gestágenos como acetato de medroxiprogesterona (AMP) y megestrol
y con andrógenos como fluoximesterona, sin encontrarse
diferencias en las tasas de remisión pese a que en un estudio
comparando AMP con TMF las tasas de remisión fueron
significativamente superiores para AMP, sin diferencias en la
supervivencia global pero con una toxicidad más alta para AMP.
Con el objetivo de mejorar las tasas de respuesta, se han
realizado estudios sobre la asociación de varias pautas
endocrinas, sin detectarse diferencias, excepto con la
asociación de TMF y fluoximesterona que produce una tasa más
alta de remisión, aunque sin mejoría en la supervivencia.
Diversos estudios randomizados han comparado asimismo la
efectividad de TMF solo o simultáneamente con la quimioterapia,
sin encontrar diferencias en tasa de respuesta ni en
supervivencia. Por otra parte, el TMF administrado
simultáneamente o de manera secuencial con quimioterapia produce
una tasa de respuesta inicial más alta, aunque no se observan
diferencias en supervivencia al comparar con quimioterapia.
Dentro del cáncer de mama avanzado merece especial interés
el tratamiento en la paciente premenopáusica. Excluimos de esta
revisión las indicaciones actuales de quimioterapia con
intensificación. Existen escasos ensayos clínicos sobre el
tratamiento con TMF, observando tasas de respuesta que varían
entre 20 y 45% con una media de 31%. Los estudios randomizados
entre TMF y ooforectomía bilateral no encuentran diferencias en
tasa de respuesta ni en supervivencia global. La respuesta a la
ooforectomía después del tratamiento con TMF es diferente
según los autores.
Quimioprevención del cáncer de mama
con tamoxifeno
El cáncer de mama es el segundo más frecuente en el mundo y
se estima que en el año 2000 será responsable de 500.000
muertes anuales. Los estudios epidemiológicos y experimentales
indican que carcinógenos ambientales y dietéticos estarían
implicados en la génesis del cáncer de mama. La transformación
maligna de una célula es un proceso en el que intervienen
múltiples factores hasta llegar a la clona maligna. Las medidas
de quimioprevención pretenden interrumpir este proceso en la
fase preinvasiva del cáncer, aunque para algunos autores debe
realizarse en tejido sano y no sólo desde la lesión premaligna.
La prevención primaria del cáncer de mama es eliminar o
modificar los factores de riesgo establecidos, que se dividen en
susceptibilidad genética, carcinogénesis hormonal
(contraceptivos orales, tratamiento hormonal sustitutivo,
tamoxifeno, hormonas ováricas y embarazo) y factores ligados al
estilo de vida (alcohol, tabaco, ejercicio, obesidad, lactancia,
vitamina A y contenido en grasas de la dieta).
Los ensayos clínicos controlados de TMF como tratamiento
adyuvante en estadios iniciales del cáncer de mama han
demostrado una significativa reducción del cáncer de mama
contralateral entre el 33 y el 44%. Sin embargo la reducción del
cáncer contralateral se demuestra sólo en las pacientes
postmenopáusicas, y, por otra, parte en un estudio sueco se
sugiere que el TMF aumenta la mortalidad en la mujer
postmenopáusica que desarrolla un cáncer contralateral durante
el tratamiento. Además, se ha observado una disminución no
significativa de segundas neoplasias, excluyendo el cáncer de
mama contralateral.
Por todo lo expuesto, en la década pasada se planteó la
posibilidad de prevención del cáncer de mama en mujeres sanas
con factores de riesgo mediante el empleo de TMF durante un largo
período de tiempo. Existen en la actualidad tres proyectos en
marcha que difieren en los aspectos de reclutamiento, tratamiento
y grupo control. Al no disponer en estos momentos de datos de
tales estudios, se considera que el uso de TMF como
quimioprevenclón en mujeres sanas no está indicado fuera de los
ensayos clínicos por los probables efectos tóxicos.
Toxicidad
El TMX es un fármaco con escasa toxicidad y menos del 5% de
pacientes deben suspender el tratamiento por los efectos
secundarios. En una revisión efectuada por Fritsch y Wolf los
efectos secundarios más frecuentes han sido fatiga, trastornos
vasomotores, insomnio, cefaleas, depresión, dolor óseo o
musculoesquelético, retención de líquidos, náuseas, vómitos,
diarrea, leucopenia, rash cutáneo, etc.
Los efectos de TMF sobre la densidad mineral ósea no están
claros, ya que parece tener efectos protectores sobre la masa
ósea, con una potencial reducción de la tasa de fracturas; sin
embargo, otros autores no encuentran este efecto beneficioso.
Los efectos oculares descritos han sido cambios corneales,
neuritis óptica, retinopatía y edema macular asociados a altas
dosis de TMX. En un estudio prospectivo a dosis de 20 mg/día se
detectó una frecuencia del 6,3% de efectos oculares, lo que
obliga a suspender el tratamiento ante la sospecha de patología
ocular.
Se han descrito, asimismo, trastornos tromboembólicos durante
el tratamiento a largo plazo con TMF; aunque no se ha establecido
relación causal, parece que existe una disminución de la
actividad funcional de la antitrombina III.La rasa descrita de
accidentes tromboembólicos varía entre 1 y 4,3%.
Durante las primeras semanas de tratamiento puede producirse
trombocitopenia y leucopenia de manera transitoria, sin
repercusión clínica.
Los cambios lipídicos que se producen son similares a los
encontrados en las usuarias de estrógenos: disminución de LDL y
colesterol total y aumento de HDL. Ello podría explicar la
disminución en la tasa de infartos y enfermedades cardíacas.
Sin embargo, el aumento de HDL no se ha observado en rodos los
estudios y se han descrito casos con aumento de colesterol total
y rriglicéridos.
Uno de los aspectos de más interés actual es la
carcinogénesis inducida por el TMF. Existe evidencia de que el
TMF induce cáncer hepático en ratas, probablemente por sus
efectos agonistas, aunque a dosis muy superiores a las utilizadas
en humanos. Sin embargo, no se ha detectado aumento de casos de
cáncer hepático en ninguno de los ensayos clínicos
randomizados descritos.
Durante los últimos años se ha asociado la terapia con TMF
con un aumento en la incidencia de cáncer de endometrio, debido
a la continua publicación de casos clínicos. En el estudio de
Estocolmo la incidencia de adenocarcinoma de endometrio es 5
veces superior en las pacientes tratadas con 40 mg/día de TMF
con respecto a la población control. En el ensayo NSABP B-14 el
riesgo de cáncer de endomerrio es 2-3 veces superior en las
pacientes tratadas lo que comporta 1-2 casos anuales por 1.000
mujeres en tratamiento. En otro ensayo el riesgo detectado en las
pacientes sometidas a tratamiento es de 1 ,3 (95% CI 0,7-2,4).
El riesgo de cáncer endometrial aumenta con la duración del
tratamiento y las mujeres tratadas durante 5 años tienen un
riesgo más elevado. Sin embargo, en algunos ensayos no se ha
encontrado un aumento de la incidencia de cáncer de endometrio.
La revisión bibliográfica de los principales ensayos clínicos
nos da una incidencia de cáncer de endometrio de 0,9 % en
pacientes tratadas con TMF, con respecto a un 0,2% en la
población control.
Magriples et al. encontraron que el 62% de los adenocarcinomas
producidos durante el tratamiento con TMF eran de alto grado
histológico, lo que comportaría un peor pronóstico, que, sin
embargo, no ha sido comprobado por otros autores.
El aumento de riesgo de cáncer de endometrio en las pacientes
tratadas a largo plazo con TMF nos obliga a efectuar control
ginecológico con valoración endometrial ecográfico anualmente.
El mecanismo de actuación de este fármaco se basa en la
supresión de la función ovárica por inhibición del eje
hipotálamo-hipofisario-gonadal, con el objetivo de conseguir
regresión tumoral en el cáncer de mama estrógeno dependienre.
La detección en tejido neoplásico mamario de receptores de baja
afinidad para los análogos hace suponer además un efecto
antitumoral directo.
En los ensayos clínicos de tratamiento con análogos de GnRH
en el carcinoma de mama avanzado en mujeres pre y
perimenopáusicas se obtienen tasas de respuesta clínica
comparables a otras terapias hormonales. La hipótesis de que
podría obtenerse un efecto de bloqueo estrogénico máximo con
la asociación de análogos y antiestrógenos ha llevado a
diversos estudios comparativos en pacientes premenopáusícas con
cáncer de mama avanzado. Se ha demostrado que no existe
antagonismo endocrinológico entre TN4F y análogos de GnRH. En
un estudio se encontró un incremento en el período de
progresión de la enfermedad en pacientes premenopáusicas con
cáncer de mama avanzado sometidas a tratamiento con análogos
más tamoxifeno, con respecto a controles previos tratados con
análogos de GnRH.
Jonat et al., en un reciente estudio randomizado
multicéntrico en 318 pacientes pre y perimenopáusicas, han
examinado la respuesta clínica de análogos solos con respecto a
análogos más TMF. El tiempo de progresión de la enfermedad fue
significativamente mayor en el grupo de tratamiento combinado,
aunque sin diferencias significativas en la supervivencia.
Son necesarios estudios prospectivos comparativos de la
utilidad clínica de los análogos en los grupos de cáncer
inicial y avanzado antes de la introducción en la práctica
clínica diaria.
III - Otros antiestrógenos
Entre los nuevos antiestrógenos se incluyen trioxifeno,
toremifeno, droloxifeno (3-OH-tamoxifeno) y raloxifeno.
El idoxifeno es un nuevo antiestrógeno con menor
actividad estrogénica que el tamoxifeno. Ha sido estudiado en 19
mujeres con cáncer de mama metastásico que habían recibido
tamoxifén previamente; la respuesta obtenida en 2 pacientes ha
sido parcial y en 4 se ha estabilizado su enfermedad, resultando
con buena tolerancia.
El toremifeno también se combina fuertemente con el
receptor estrogénico. Un total de 19 mujeres postmenopáusicas
con cáncer de mama metastásico, tratadas previamente, entraron
en la fase 1 de toremifeno. Los efectos secundarios incluyen
náusea, vómitos y malestar; la dosis recomendada es de 300 mg/m2
cada día. Otros autores encuentran respuesta tumoral en
pacientes que habían fallado a TMF, con una dosis de 120 mg/día
de toremifeno.
En un estudio de fase II se describe entre el 20 y el 40% de
respuestas a las dosis de 120 y 240 mg/día de toremifeno, por lo
que establecen la dosis en terapia primaria de 40 mg/día, pero
alcanzando a 120 mg/día para pacientes previamente tratadas.
Por otro lado, se ha tratado con droloxifeno a 30
pacientes con dosis de 20 a 300 mg diarios. Los efectos
secundarios son náusea, fatiga y sofocaciones, y también un
caso de trombosis venosa profunda y embolismo pulmonar. Cuatro
pacientes presentaron una respuesta tumoral menor, pero ninguna
parcial o total.
Otro estudio sobre droloxifeno incluye a 369 pacientes con
dosis de 20-100 mg diarios, observándose reducción tumoral en 3
1-41%. El tiempo de respuesta es inferior a 2 meses, mientras que
el intervalo de progresión de la enfermedad es de 6 meses.
El raloxifeno, de reciente introducción, para el
tratamiento de la osteoporosis postmenopáusica, tiene una
actividad agonista estrogénica en el hueso y en el metabolismo
lipídico, mientras que en la mama y en el útero presenta una
actividad antagonista estrogénica.
En estos momentos existen estudios randomizados (ensayo MORE)
sobre el posible efecto protector del raloxifeno en el cancer de
mama y de endometrio. Tras 3 años de seguimiento se ha observado
que en mujeres postmenopáusicas con osteoporosis y sin historia
previa de cancer de mama, el tratamiento con raloxifeno durante 3
años, disminuye el riesgo de cancer de mama.
Sin embargo, al igual que con el tamoxifeno, no está aprobada
su indicación como prevención del cancer de mama en mujeres de
riesgo.
Así mismo, se ha observado que la acción antitumoral del
raloxifeno no es tan eficaz como la del tamoxifeno en el modelo
de inducción tumoral mamaria por NMU en la rata.
IV - Antiestrógenos puros
La investigación de nuevas moléculas persigue el
descubrimiento de componentes con actividad de supresión
estrogénica completa. El mecanismo de acción de los
antiestrógenos puros difiere del TMF, como expondremos a
continuación.
La unión del estrógeno a su receptor nuclear activa la
transcripción de los genes caracterizados por la presencia de
secuencias de DNA específico en sus regiones control,
denominados elementos de respuesta estrogénica. Mientras que el
mecanismo de acción del TMF causa una modificación en el enlace
a estrógeno que impide la activación génica, los
antiestrógenos puros causan una reducción en la interacción de
los elementos de respuesta y una rápida pérdida de los
complejos del receptor.
El TMF forma un complejo a nivel nuclear compitiendo con el
estrógeno, pero no siempre lo bloquea completamente. En estudios
se ha observado que en presencia de estrógenos endógenos actúa
como un antagonista parcial o total, pero en ausencia de estos
estrógenos el TMF se puede comportar como un muy débil
agonista, pudiendo producir cambios no deseados en el endometrio.
Los antiestrógenos puros pueden suprimir toda acción estrogen-like,
pues han sido sintetizados identificando nuevos puntos de enlace
del receptor estrogénico, así como la importancia de la cadena
lateral del C7, encontrando que los isómeros 7A son los más
potentes en comparación a los 7B.
Las ventajas clínicas de los antiestrógenos puros son el
bloqueo completo hormonal, que conlleva una rápida y duradera
remisión tumoral, y un mejor perfil toxicológico debido a la
ausencia de reacción estrogen-like.
Las consecuencias clínicas de los antiestrógenos puros
podrán incluir respuesta tumoral más rápida, completa y
duradera.
Entre las moléculas de antiestrógenos en
investigación se han descrito ICI 164.384 e ICI 182.780. ICI
164,384 no tiene actividad estrogénica y es antagonista de la
acción uterotrófica de TMF y estrógenos. En estudios animales
no acelera la pubertad de la hembra y, al tratar carcinomas
mamarios con la combinación terapéutica de ICI 1 64,384 con
análogos de GnRH, se causa una respuesta superior a la
administración de sólo análogos. En los tumores
TMF-resistentes trasplantados a ratones atímicos se ha observado
que mientras el TMF mantiene su crecimiento, la administración
de TCI 164,384 causa su frenación.
Se ha descrito también ICI 1 82,780 que en experimentos tiene
mayor potencia que el anterior. Parece que los tumores
resistentes a TMF son realmente estimulados por éste así como
por los estrógenos. La mutación o pérdida del receptor
estrogénico y su expresión alterada de variantes de su
transcripción podrían explicar dicho fenómeno. Los
antiestrógenos puros como ICI 182,780 son capaces de revertir la
estimulación de TMF o de estrógeno.
El estudio del antiestrógeno puro 7- [9-(4,4,5,5,
5-pentafluoropentylsulfinyl) nonyl] estra-1,3,5,(l
0)-triene-3,17-diol (ICI 182,780), realizado en cáncer primario
de mama, determina la modificación en la expresión del receptor
de estrógeno, de progesterona y de la proteína pS2.
En el estudio realizado en 56 pacientes, 19 no fueron tratadas y
37 recibieron diariamente inyecciones de ICI 182,780, 6 o 18 mg
durante 7 días. No hubo efectos adversos. En pacientes
con tumores ER+ el tratamiento produjo una significativa
reducción en la expresión de RE (P<0,00i), RP (P<0,05),
mientras que todos los tumores mostraron disminución en la
expresión de pS2 (P<0,05).
V - Inhibidores de la aromatasa en el
cáncer de mama avanzado
Introducción
La hormonoterapia fue el primer tratamiento sistémico eficaz
del cáncer de mama. Hace un siglo George Bearson publicó que la
ovariectomía permite neutralizar la evolución del cáncer
avanzado en mujeres premenopáusicas. Unos cincuenta años
después se descubrió que la ablación quirúrgica suprarrenal o
hipofisaria puede provocar la regresión de la enfermedad en
mujeres menopáusicas. Sin embargo, estas dos medidas causan una
gran morbilidad, por lo cual se buscaron alternativas que
produjesen los mismos efectos sin los inconvenientes de la
cirugía. El primer intento de «suprarrenalectomía médica» se
basó en el empleo de glucocorticoides, pero no se consiguió la
efectividad de la cirugía.
La aminoglutetimida y la testolactona se pueden considerar
como los inhibidores de la aromatasa de primera generación.
Aunque la testolactona fue el primer inhibidor de aromatasa y
pronto se conoció su mecanismo de acción, la aminoglutetimida
alcanzó mayor popularidad en el tratamiento del cáncer de mama
avanzado. Esta droga se desarrolló inicialmente como
antiepiléptico, pero pronto se desestimó por sus efectos
secundarios sobre la glándula suprarrenal inhibiendo diferentes
enzimas y en 1967 se propuso como tratamiento del cáncer de
mama. Posteriormente, Sanren et al. demostraron que la
aminoglutetimida inhibe la conversión de los andrógenos
circulantes en estrógenos, e introdujeron el concepto de
inhibición de la aromatasa como tratamiento del cáncer de mama
en la mujer menopáusica.
En la mujer menopáusica con cáncer de mama metastásico el
tratamiento hormonal de referencia en primera linea es el
tamoxifeno, por su magnífica tolerancia y por el hecho de
conseguir un índice de respuestas superior al 30%. La respuesta
al tratamiento con tamoxifeno en la enfermedad metastásica dura
unos 9-12 meses en los casos con receptores de estrógenos, y en
la forma micrometastásica 2-3 años. Teniendo en cuenta estos
aspectos, en la clínica se requieren alternativas terapéuticas
para afrontar las recidivas y en los casos de tumores resistentes
a dicho tratamiento. Los nuevos inhibidores de la aromatasa
constituyen una opción terapéutica con una buena tolerancia,
alta efectividad y especificidad.
El cáncer de mama metastásico es una enfermedad que
inevitablemente termina con la vida de la mujer, con
independencia del tratamiento empleado. La supervivencia media se
estima en 3 o 4 años. En muchos casos el objetivo del
tratamiento es intentar que la supervivencia sea lo más comoda
posible, reduciendo las molestias provocadas por la enfermedad y
el tratamiento. En líneas generales, la hormonoterapia se tolera
mucho mejor que la quimioterapia, constituyendo una alternativa
válida, aunque los efectos secundarios son variables y de
diferente consideración.
Mecanismo de acción
Los estrógenos desempeñan un importante papel en el
desarrollo y crecimiento del cáncer de mama. Llama la atención
que la mayor incidencia de esta enfermedad ocurre en las mujeres
menopáusicas, precisamente cuando la producción de estrógenos
ováricos es prácticamente nula. Sin embargo, la mujer
menopáusica continúa produciendo estrógenos a partir de
andrógenos en tejidos extraováricos. Además, a pesar de los
niveles relativamente bajos de estradiol circulante, la
concentración intratumoral de esta hormona es similar a la
encontrada en los tumores de mujeres premenopáusicas. La
presencia de aromatasa en el tejido tumoral apoya la importancia
que tiene la conversión de andrógenos en estrógenos en la
propia neoplasia.
Los andrógenos circulantes, especialmente la androstendiona
y, en menor medida, la testosterona, se convierten en estrona y
estradiol respectivamente, mediante una reacción denominada
aromatización (formación de un anillo aromático en el núcleo
A). En las mujeres menopáusicas o castradas la principal fuente
de androstendiona, el precursor de los estrógenos, es la
glándula suprarrenal. Este andrógeno débil pasa a la
circulación y se transforma en estradiol en la grasa, músculo,
piel, hígado, e incluso en cánceres mamarios en las propias
células tumorales.
Existen dos estrategias para abordar la hormonoterapia del
cáncer de mama: usar antiestrógenos para impedir la acción de
los estrógenos, e impedir la biosíntesis de estrógenos. Los
modernos inhibidores de la aromatasa actúan bloqueando la
conversión esteroide en los tejidos periféricos y ejercen poco
efecto sobre el tejido ovárico.
Los inhibidores de la aromatasa se pueden clasificar, según
las características bioquímicas en dos clases:
a) Esteroideos: Formestano y Exemestano.
b) No esteroideos:
- Análogos de la aminoglutetimida.
- Grupo imidazol (Fadrozol) o Triazol (Letrozol, Vorozol,
Anastrozol).
Los modernos inhibidores de la aromatasa han demostrado su
efectividad y baja toxicidad como tratamiento de segunda línea
del cáncer de mama avanzado de la mujer menopáusica, con
escasos efectos secundarios en comparación con el preparado
tradicional de referencia, la aminoglutetimida. Aunque no hay un
metanálisis para comparar los diferentes inhibidores de la
aromatasa, aparentemente los resultados esperables son similares
para los diferentes productos. El empleo de inhibidores de la
aromatasa como hormonoterapia de primera línea no está
justificado, pues los antiestrógenos son el tratamiento de
elección.
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Autor: Fernando Roldán Rivas. Servicio de Ginecología del Hospital Obispo
Polanco de Teruel.
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